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José García Domínguez

La rehabilitación de Jordi Pujol

El tipo no está loco. Es Cataluña la que no rige.

José García Domínguez
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El tipo no está loco. Es Cataluña la que no rige.
Jordi Pujol. | Cordon Press

Lo primero que pensé el otro día tras ver a Jordi Pujol proclamado su absoluta inocencia en la causa por hurtos varios, desfalcos surtidos, coimas dispares, mordidas sangrantes y latrocinios múltiples que la Justicia sigue contra él y su innúmera prole, proceso que va camino de sustanciarse a mediados del próximo siglo, fue que il capo di tutti capi del País Petit se había vuelto loco. Me pareció indicio cierto de que el punto de chalado clínico que Pujol ha tenido siempre, ya incluso cuando niño protagonizó aquella visión tan preocupante en la cima de un monte comarcal y que le llevó a dedicar su vida toda al nacionalismo pedáneo, se había desarrollado hasta hacer explícita la demencia. Porque no podía ser que el Patriarca desmintiese ahora lo confesado en su día, el mea culpa que lo condenó al ostracismo público en el seno de la nación que él mismo había inventado a golpe de paciencia, voluntad y talonario. Pero después recordé que, en realidad, Pujol nunca confesó nada.

La pasta, según depuso en su momento, era un legado que el avi Florenci había dejado fuera de España por si las moscas. Nada de cleptocracia africana y pestilente podredumbre pairal. Solo un pecadillo fiscal del difunto, falta menor que el buen hijo obvió revelar por inconsciente negligencia. Coartada, la expuesta entonces y ahora por el muy lúcido hacedor de la patria, que solo una sociedad podrida llegaría a aceptar. Pero resulta que Cataluña es una sociedad podrida. Los chorizos del PP y del PSOE que han sido llevados ante los tribunales en el resto de España por rapiñas y expolios que ensombrecen –por minúsculos– frente a los de la familia Pujol-Ferrusola también cuentan con amigos y encubridores poderosos. Pero sería inconcebible, por entero inconcebible, que en un telediario nacional se entrevistara, y con sumo respeto, a cualquiera de esos ilustres mangantes a fin de solicitar su docta opinión sobre los problemas del mundo. Bien, pues justo eso es lo que ocurre en Cataluña con el jefe de la banda de los Pujol cada dos por tres. El tipo no está loco. Es Cataluña la que no rige. Está en marcha, aunque fuera de ese manicomio cuatribarrado resulte inverosímil, la campaña para rehabilitar su figura pública antes de que se produzca el inevitable hecho biológico. Cosas veredes.

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