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José García Domínguez

La serpiente y los tricornios

asegura el que eligiera a los mandos actuales de la UCO que no piensa tirar de esa manta que tanto calorcito da; bien, pues al instante, se le empiezan a calar los huesos de frío al Gobierno

Cuando se hacía pasar por cierto Ricardo Solfa, el gran Jaume Sisa también constató que "hay mujeres que mienten hasta cuando dicen la verdad". A algunos tipos les ocurre lo mismo. Sin ir más lejos, sucede sistemáticamente con Rafael Vera cada vez que abre la boca. De ahí que ante ese personaje, pierdan validez incluso los axiomas más elementales de la física. Por ejemplo, asegura el que eligiera a los mandos actuales de la UCO que no piensa tirar de esa manta que tanto calorcito da; bien, pues al instante, se le empiezan a calar los huesos de frío al Gobierno. Así, desmintiendo a todos manuales de uso de las calefacciones domésticas, cuanto más templado anda Vera, tanto más helado se empieza a sentir el Ejecutivo del PSOE. Y no sólo no hay principio físico, gobierno ni radiador que pase la prueba del algodón con el yerno del ferretero. Porque con las leyes del azar ocurre lo mismo. Que Rafael dice que se va a envolver en la mantita, pues, ¡zas!, al momento se desprende en un camión en marcha la casete escondida en la mesa del teniente desplazado a Mozambique. Y así siempre.
 
Decía el gran Ricardo Solfa cuando aún no se hacía pasar por Jaume Sisa que "hay mujeres que arrastran maletas cargadas de lluvia". Bueno, y generales de la Guardia Civil que almacenan huracanes en el forro del tricornio, también los hay. Generales sordos, que no oyeron nada cuando el de la serpiente en el brazo contó, en 2001, que Toro y Trashorras buscaban amigos para jugar a los móviles y la dinamita. Generales sordísimos que siguieron sin oír nada en 2002, cuando Nayo alertó de que Toro y Trashorras escondían un cargamento de Goma-2 para la Eta. Grandes sordos refractarios al sonotone que, en 2003, tampoco fueron capaces de leer los labios de Zouhier, cuando reveló que Toro y Trashorras se habían agenciado unos moritos para montar las Fallas en Atocha. Discapacitados auditivos que, además, sufren una grave limitación del resto de sus sentidos, sobre todo, del común. Y que por eso, no perciben nada extraño en que los pelanas de Lavapiés supiesen utilizar los móviles el 11-M, y que se hubieran olvidado al cabo de una semana, en el atentado contra el Ave.
 
Barruntan Solfa y Sisa que "hay mujeres que dicen que sí cuando dicen que no". Ocurre lo mismo con ciertos tipos, como Rafael Vera, sin ir más lejos. De ahí que Vera puede jurar que él está tan ricamente con su manta; y al tiempo mande al filólogo de guardia a hurgar en la grieta del ministro de Justicia. También sostienen Sisa y Solfa que "hay mujeres que sueñan con trenes llenos de soldados". Mujeres, tal vez; hombres, ninguno. Los hubo hace mucho, en aquellos tiempos en los que se daban así los golpes de Estado. Pero eso era en la Edad de Piedra. Cuando no se habían inventado aún los móviles.

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