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José García Domínguez

Las tribulaciones del agente de seguros Ortiz

Mi nuevo joven talento literario normalizado favorito es el agente de seguros Ortiz; que es uno que acaba de denunciar a un tal Cervantes como modelo paradigmático de mediocridad subvencionada. Un cráneo privilegiado este Ortiz.

José García Domínguez
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Hace mucho, mucho tiempo, cuando Barcelona no era más que una simple ciudad española, aquí apenas vivía una docena de escritores: García Márquez, Julio Cortázar y gentecilla así. Nada, habas contadas. Pero, ahora, cuando al fin somos la capital nacional de Liliput, las cosas han cambiado. Y a mejor, que también hay que decirlo. Sin ir más lejos, sólo en el Ensanche gozamos de varios miles de novelistas; vernáculos todos, por supuesto. Eso, ya les digo, sin ir más lejos. Porque yendo más lejos, hasta las lindes con el término municipal de Hospitalet del Llobregat, pongamos por caso... Huy, huy entonces. Bueno, pues que no cabrían en las gradas del campo del Barça los que dan a la imprenta sus obras completas cada primero de mes. Así de clarito.

Entre todos ellos, mi nuevo joven talento literario normalizado favorito es el agente de seguros Ortiz; que es uno que acaba de denunciar a un tal Cervantes como modelo paradigmático de mediocridad subvencionada. Un cráneo privilegiado este Ortiz. En fin, otra bendición que le ha dado Dios a la Cataluña rica y plena de nacionalismo: los genios a granel. Que no es por presumir, pero han de saber que, de un tiempo a esta parte, nos crecen a tasas más altas que el PIB chino.

Nadie se extrañe entonces de que ya no sepamos dónde meterlos. Así, en lo que llevamos de tripartito municipal los creadores domésticos de todas las ramas del arte se han visto en la necesidad de incautar trescientos edificios privados en el casco urbano de la ciudad. En algunos casos, por fortuna aislados, habiendo de soportar incluso la connivencia descarada de ciertos jueces con los propietarios. Aunque de poco habrán de servir esos parches. Y es que el torrente incontenible de nuestra cultura no cesa de crecer, y requiere urgentemente de más y más espacio físico.

Sirva como botón de muestra la denuncia descarnada de uno de esos doscientos prometeos que se firman "La Makabra": "Esto es mucho más grande que donde estábamos antes; disponíamos de 6.000 metros cuadrados, que no es poco; pero ahora tenemos dos hectáreas". ¡Dos hectáreas! ¡Qué serán dos miserables hectáreas para la inmensidad del pensamiento de la legión de jordis ortiz que hoy okupa Barcelona!

Se nos debería caer la cara de vergüenza a todos. Al primero, a Joan Saura. ¿Acaso sabrá el consejero de Interior que los okupas de "La Makabra" se han visto obligados a solicitar los servicios de una empresa privada de seguridad, tras ser abandonados a su suerte por los Mossos? Él, tan tranquilo, limpiando las caquitas del gato de Imma Mayol, y la crema de la intelectualidad expuesta a dos hectáreas de inseguridad ciudadana. Menudo novelón va a levantar Ortiz con toda esta historia.

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