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Los 'nazis' que nos dan de comer

Ya iría siendo hora de que algunos ilustres apellidos de Barcelona empezaran a pensar de una vez en qué puede hacer su dinero por España.

José García Domínguez
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Un energúmeno de la coalición nacionalista que manda en Cataluña acaba de llamar nazis a los directivos de empresas alemanas que se han manifestado públicamente contrarios a la secesión. Muy propio de nuestros energúmenos eso de escupir a la mano que les da de comer. "Un importante empresario catalán...", acostumbra a titular frecuentemente la prensa de Madrid con el respeto tan reverencial que en España suscita siempre el olor del dinero. Como si de verdad aún quedase alguien capaz de reunir esos tres atributos en una sola persona. Y es que, a estas alturas, si un empresario es importante, con toda seguridad no se trata de un catalán; y si sí es catalán, con toda seguridad no se trata de alguien importante. De hecho, los únicos empresarios catalanes que aún merecen el calificativo de importantes se apellidan Basf, Siemens, Volkswagen, Lidl o Xerox.

He ahí todo lo que queda de la legendaria burguesía catalana, más allá de apolilladas fantasías decimonónicas. Los nazis, que diría nuestro energúmeno. Al margen de eso quedan los Carulla, que son seis hermanos que hacen unas pastillas de caldo de pollo, unos cuantos medianos empresarios sin la menor relevancia y otros tantos ejecutivos ajenos a la propiedad y, en consecuencia, huérfanos de verdadero poder de decisión en las corporaciones foráneas que les dan empleo. Y para de contar. Con esos bueyes tendrán que aran los independentistas. De ahí lo muy relevante del expreso repudio alemán a la aventura de Mas. Porque los empresarios alemanes ni están locos ni permanecen sometidos a la psicología propia del franquismo sociológico que rige en Cataluña.

Por eso lo extravagante de la situación: en una población de siete millones y medio de almas sólo se atreven a disentir abiertamente de la doctrina oficial varias docenas de ciudadanos alemanes y… tres aborígenes: José Manuel Lara y los hermanos Muñoz, más conocidos en el siglo por los Estopa. Entre siete millones y medio, tres. Ni uno más. Es sabido, Cataluña se caracteriza por su muy hondo sentido democrático: nadie discrepa jamás de nada fundamental, y a quien se le ocurra hacerlo se le invita a que se largue. Aunque si los alemanes pueden, los autóctonos también. Ya iría siendo hora de que algunos ilustres apellidos de Barcelona empezaran a pensar de una vez en qué puede hacer su dinero por España. Y no al revés.

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