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José García Domínguez

“Operación charnego”

Y como casi siempre, el payés socarrón de la boina y los caliqueños andaba en lo cierto. Porque aquel viejo escéptico sabía lo que se decía, de algo habría de servirle conocer el paño doméstico mejor que nadie

“Ese es muy cuco”, gustaba de advertir el maestro Pla cuando se le mentaba al gran vate de la lírica catalana, Saldavor Espriu (no confundir con el otro Espriu, su hermano, el más bien épico jerarca de la Falange bajo cuyo techo durmiera toda la vida nuestro poeta nacional). Y como casi siempre, el payés socarrón de la boina y los caliqueños andaba en lo cierto. Porque aquel viejo escéptico sabía lo que se decía, de algo habría de servirle conocer el paño doméstico mejor que nadie. Así, tan cuco nos salió el bardo patrio que, justo ahora, cuando Zetapé pretende vender la pell del brau antes de cazarlo, él se eleva a la altura del Cid, y también gana batallas después de muerto. Pues al bachiller Montilla, en su afán pedagógico por difundir entre los pueblos y tribus de Iberia la esencia del genuino catalanismo, no se le ha ocurrido nada mejor que empaquetar a Espriu en una cajita de bombones y remitírselo a los directores de periódico de Madrit.
 
Lástima que el pobre Montilla no haya leído jamás ni una sola página de Espriu. Profunda grieta intelectual, más honda aún que la fosa séptica del Carmelo, que habrá de ser rellenada por esa nueva asignatura, “Historia de los Pueblos de España”, que apadrina el nieto del otro juglar. Exijamos, pues, que se implante ya, y por la vía de urgencia, la didáctica identitaria maragalliana. Es más, uno, modestamente, sugiere que la primera lección verse sobre la postrera proclama cívica del hispanófilo Espriu. Ésta que abrevio:
 
“Aquí, ahora, tenemos el problema de saber si son minoría o mayoría los catalanes o los castellanohablantes y el de saber si podremos asimilarlos o no. Tal vez las autonomías regionales ofrecerán suficientes incentivos a muchos de los inmigrantes para que puedan retornar a su país de origen. Porque, indudablemente, un andaluz que no se sienta asimilado en Cataluña, por poco que pueda volverá a Andalucía, lo cual me alegraría mucho, no porque ese andaluz –ni ninguno– me estorbe, sino porque significaría que retorna a su país. (…) Si este Estado de las autonomías, mediante las obras públicas, la agricultura o lo que sea, va adelante, muchos de esos señores que han venido aquí podrán volver a su casa. Y cuanto mayor sea la cantidad de los afortunados, más nos quedaremos aquí los catalanes, porque habrá más puestos de trabajo”.
 
“Esto no significa xenofobia –tan odiosa–, al contrario, pues no hemos de desear una Cataluña formada exclusivamente de catalanes por los cuatro costados, que hay muy pocos, y uno de los cuales soy yo”. Confesión de cosmopolitismo esta última ante la que el plumilla que transcribe la reflexión del sabio humanista, un tal Xavier Bru de Sala, ya no logra contenerse más e irrumpe, ufano: “Me parece que yo también, pero no me enorgullezco especialmente de ello”.
 
He ahí la fetén, genuina, la auténtica “Operación charnego”, ideada por el inolvidable trovador de la cajita, más o menos coincidiendo con aquella primera arribada del cordobés de la triste figura a Cornellá. Lo dicho: A estudiar, Montilla. A estudiar.

Tertuliano de La Noche de Dieter.

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