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José García Domínguez

Papanatismo de género

Habrá que concluir que el coeficiente intelectual del empresariado patrio se arrastra bajo el nivel de la media. Y es que, sufriendo menores sueldos ellas, no se acaba de entender por qué los empresarios no contratan única y exclusivamente a mujeres.

José García Domínguez
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Siempre será un misterio por qué eso que llaman opinión pública da pábulo a ciertas leyendas inverosímiles contra toda evidencia fáctica. Así, por ejemplo, el personal sigue empeñado en creer que las cloacas de Nueva York yacen infestadas de enormes cocodrilos blancos, temibles alimañas que habrían recalado allí tras, aún crías, ser arrojadas a las tazas de los lustrosos váteres de Manhattan por sus insensatos dueños. Y de idéntico modo se empecina en otorgar crédito a otra fantasía no menos peregrina, a saber, ésa que presume la existencia de retribuciones dispares entre mujeres y hombres por realizar igual trabajo. Trola favorita de la ornamental Aído, su departamento-pancarta acaba de cometer el enésimo bulo estadístico al respecto.

De tal guisa, con terquedad bovina, insisten en postular la existencia de un arcano, ignoto apartheid salarial entre varones y hembras. Oportuna falacia que, entre otras virtudes prácticas, permite justificar ante el común la existencia de un abrevadero, el titulado de Igualdad, casi tan etéreo como el currículum de la ociosa diletante que lo usufructa. La airada Bibiana, exponente ella misma de la única discriminación institucional que pesa sobre las mujeres en España: el papanatismo de género. Por algo, tan gratuita como clamorosa, la prima que ahora mismo disfrutan en todos los escaparates sociales, empezando por la política, continuando por los medios de comunicación y terminando por cualquier escenario civil que conlleve asociado algún mínimo relumbrón.

He ahí la exclusiva arbitrariedad por razón de sexo susceptible de contraste empírico en nuestro país: ésa dizque positiva a la que tanto debe la sonrisa del régimen. Mas como la autoridad persiste, incansable, en su denuncia, habrá que concluir que el coeficiente intelectual del empresariado patrio se arrastra bajo el nivel de la media Y es que, sufriendo menores sueldos ellas merced a la artera complicidad de Toxo y Méndez con el régimen patriarcal, no se acaba de entender por qué los empresarios no contratan única y exclusivamente a mujeres. ¿A santo de qué pagar más a un varón por un cometido que cualquier fémina ejecutaría a precio de saldo? ¿O por ventura acontecerá que son en extremo virtuosos, al punto de no querer no aprovecharse de injusticia tan flagrante como la aireada por la ministra? Misterio. Otro más.

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