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José García Domínguez

Pepiño, ¿quién avaló a Almallah?

Resulta que allí volvieron a exigirme esos dos malditos avalistas que, a decir del otro, no se requieren en ningún lado. En ninguno, salvo en todas y cada una de las sedes socialistas en las que imploro el carné de mi dicha.

Como bien saben mis lectores añejos, el mayor anhelo que ambiciono en esta vida es presumir algún día luciendo el carné del PSOE en la cartera. Por lo demás, barrunto que ese amanecer soñado llegará. Cuándo, no lo sé, pero llegará. Pues, aunque de natural discreto, no soy hombre que se achante ante las dificultades ni que se arredre al primer desaire. Así, también recordarán los habituales que ya empeñé la Semana Santa de 2005 recorriendo la España plural en busca de ese preciado maná que plastifican en Ferraz. Entonces, como diría Capello, no pudo ser: me faltaron los dos avalistas que, según el compañero Pepiño, ninguna falta me harían desde no sé qué resolución de 2001.

Mas, tal como ayer mismo nos alertaba doña Cristina Losada, mentir es extremadamente peligroso. De ahí que las cartas de recomendación que desecha el secretario de Organización sí hiciesen falta –y mucha– a los compañeros reclutadores de la Agrupación de Cuenca y a los de Torrelavega y a los de Valencia. Que no otras fueron las sedes por las que entonces me arrastré en triste peregrinar.

Para mí tengo que esa cartulina ha de estar fabricada con el material del que se hacen los sueños. ¡Nunca desistiré de perseguirla! ¡Jamás! Aunque en ello me fueran el empleo, la salud y hasta la hacienda, no cejaré en su cortejo por todos los rincones de la península. He ahí, amigos, la razón de que la semana pasada me plantase en la mismísima Federación de Barcelona. Pero, oh fatum cruel, tampoco Montilla se apiadó de mí. Resulta que allí volvieron a exigirme esos dos malditos avalistas que, a decir del otro, no se requieren en ningún lado. En ninguno, salvo en todas y cada una de las sedes socialistas en las que imploro el carné de mi dicha.

En fin, antes de darme con la puerta en las narices, tal que así me recitó el compañero president el segundo artículo de los Estatutos del PSC: "Las propuestas de alta serán aprobadas o denegadas en la siguiente reunión de la Comisión Ejecutiva, la cual podrá reclamar, si lo considera necesario, que la solicitud de alta sea avalada por dos afiliados o afiliadas". Para el caso, idéntica música a la que escuchara hace un mes en la Agrupación del PSOE de Xàbia. "El solicitante habrá de personarse en el local del Partido que le corresponda, debiendo venir avalado por dos militantes", reza el artículo 14 del Reglamento interno del PSPV. O sea, la misma que mañana me recitarán en Madrid. Pues, al fin, en Valdemorillo me han prometido los compañeros Aguado y Ramírez el aval de mis desvelos.

¿Quién miente, Pepiño?

Tertuliano de La Noche de Dieter.

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