Menú
José García Domínguez

Por la boca muere el pez

Los catorce diputados del Partido Popular en el Parlamento regional continúan, como ya era norma consuetudinaria en ellos, negándose en redondo a utilizar el castellano desde la tribuna. Todos, los catorce. Se ve que les da como apuro a los pobres.

José García Domínguez
0

Con la honrosa excepción de Vidal-Quadras, ese crónico andar rilado de los demás líderes del Partido Popular de Cataluña siempre acaba por evocarme cierta película de la etapa mejicana de Buñuel. Es inevitable, igual que don Aleix consigue hacerme recordar al mejor Quevedo ("No callaré por más que con el dedo/ Ya tocando la boca, ya la frente/ Silencio avises o amenaces miedo"), en los otros nunca acierto a atisbar más que extras y figurantes de El ángel exterminador. Repárese, sino, en aquel guión del gran Alcoriza. En una muy pretenciosa mansión con cierto aire decadente, todo está dispuesto con tal de celebrar un gran acontecimiento social, algo así como el banquete de Platón pero sin Platón ni su sombra.

Al poco, mientras los distinguidos invitados van llegando prestos a la cita, los criados abandonan la casa por razones del todo enigmáticas para el espectador. Más tarde, tras el condumio, y también sin que nadie sepa acertar el porqué, los selectos comensales quedan atrapados en el salón, presos allí ya de por vida. Ni la suciedad –el hedor de la sala se antoja irrespirable, nauseabundo–, ni el hambre, ni las infecciones contagiosas serán capaces de vencer al pánico irracional que se apoderará de esos infelices al acercarse a la puerta de salida; puerta que, en apariencia, nada ni nadie les impediría franquear libremente.

Pues eso, Buñuel en estado puro. Resulta que tras el parto de los montes seguimos avanzando con paso firme y decidido por donde solíamos; o sea, camino de nada. Y es que los catorce diputados del Partido Popular en el Parlamento regional continúan, como ya era norma consuetudinaria en ellos, negándose en redondo a utilizar el castellano desde la tribuna. Todos, los catorce. Se ve que les da como apuro a los pobres. De ahí que solventen la papeleta del qué dirán con dos frasecitas intercaladas en los discursos que vayan a salir en la tele. Dos frasecitas para el telediario y aquí paz y después gloria. Al modo y manera de Su Graciosa Majestad la Reina de Inglaterra en el comprometido trance de saludar en suahili a cualquier tribu de mandingas ante las cámaras de la BBC: dos frasecitas.

Sí, perplejo lector, esos héroes que cuando uno se los tropieza por Madrid parece que se vayan a comer el mundo, se nos acollonan hasta la diglosia súbita en cuanto vuelven a pisar El Prat. Y uno se pregunta: ¿Para qué gastará saliva el candidato prometiendo leyes en defensa de la lengua común? ¿Para qué nos hará perder el tiempo con esa cantinela del gran idioma universal? ¿Para las dos frasecitas de los catorce fantásticos del Parque de la Ciudadela?

Espabílelos, don Mariano. Espabílelos, que aún estamos a tiempo.

En España

    Lo más popular

    0
    comentarios

    Servicios