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José García Domínguez

Presoak kalera

Casualmente, el once de marzo, hasta los moritos de Lavapiés se animaron a agitar unas cuantas ramas, y desde la copa cayeron doscientas nueces

La suya es una religión simple; de las pocas cuyas enseñanzas y misterios están al alcance de cualquier imbécil. Ocurre así porque el papa negro del Cantábrico exige a su rebaño creer en un único dogma de fe. Unos deben mover el árbol para que otros puedan recoger las nueces. En ese mantra empieza y acaba la teología contenida en el minúsculo catecismo de nueve milímetros (parabellum) que deben memorizar los feligreses. Eso es todo. Así de sencillo.
 
Casualmente, el once de marzo, hasta los moritos de Lavapiés se animaron a agitar unas cuantas ramas, y desde la copa cayeron doscientas nueces. Aunque nada tuvieron que ver con el prodigio que acaba de anunciar Arzalluz. Porque asegura éste que, a partir de ahora, el tronco va a moverse por su cuenta; no hará falta ni empujarlo, ni talarlo, ni volver a arrimarle unas mochilas cargadas con Goma-2. Como en el país de Jauja que se promete a los gudaris cuando terminen la travesía por la kale borroka, la cosecha se recogerá sola, sin que sea necesario mover un dedo ni para empujar un gatillo.
 
También casualmente, después del once de septiembre, Rodríguez agasajará en La Moncloa con todos los honores al tío del mostacho como diría Alfonso Guerra. Carod Rovira ha exigido este momento y ese escenario para salir del armario por la puesta grande, con su alfombra roja, su banderita al lado de la columna y su no me arrepiento de nada grabado en la sonrisa. Pero tampoco debe tener ello relación con la buena nueva que anuncia el sumo pontífice del culto a la boina. Como igualmente cabrá atribuir al azar lo del hermanísimo Apeles, que acaba de ponerle despacho y secretaria a uno que fue de taquígrafo a Perpiñán. A fin de cuentas, Carod no era más que el segundo de Maragall al descubrirse aquello. Un mandado que, de paso, algunas nueces trajo en su cestito camino de vuelta als Països Catalans. Por algo su superior se portó y estuvo a punto de escindir al PSOE con tal de evitar que se lo cesaran.
 
Hoy, el independentista del mostacho dice que no se debe criminalizar a los criminales si son nacionalistas. Maragall, que no hay que criminalizar al independentista del mostacho. El independentista del mostacho, que no hay que criminalizar a Rodríguez. Y el presidente de Este País no dice nada. Ni se atreve a pronunciar una elemental frase de sólo dos palabras: Arzalluz miente.
 
Arzaluz no ha inventado sus declaraciones porque es demasiado tosco hasta para eso. Y la dirección del PSOE lo ha desmentido sin acusarlo de calumniador, porque hasta para eso son demasiado cínicos. A estas horas, Carod está feliz; Bargalló, entusiasmado; la Comisión del 11-M, finiquitada; Bono, explicándole a un afgano que él es hijo de Pepe, el de la tienda; los últimos que golpearon con fuerza el tronco, con el profeta y disfrutando de las huríes; los asesinos de Miguel Ángel Blanco, seguramente, brindando con cava del Penedés en su celda; Maragall, casualmente, de viaje oficial en… Argelia. Y España, pendiente de Raúl.

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