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José García Domínguez

Sobre el calcetín de Garzón y otros enigmas

Aún restaría una tercera hipótesis, a saber, que fuese verdad que el asunto más trascendente de la legislatura ha sido impuesto al Gobierno de España por un partidito de broma, poco más que una colla de castellers agrupados bajo una siglas históricas.

José García Domínguez
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"Sentado en el borde de la cama, un pie descalzo y el otro aún con el calcetín, Baltasar [Garzón] mira a Yayo [su legítima]. Nota que ella recela". Uno pensaba que el grado cero del periodismo lo había alcanzado Pilar Urbano, autora de ese comprometedor entrecomillado, insinuación apenas velada de un insólito ménage à trois. Inopinada saturnal en la que, de creer a Urbano, Garzón habría compartido alcoba, confesiones de ídem e inevitable roce con ambas damas, es decir, con su señora –que "recela"– y la audaz reportera, tal como Arcadi Espada denunció con el escándalo preceptivo.

Sin embargo, hay en los papeles quien ha decidido explorar idéntico hemisferio cerebral, el de la humana credulidad, en busca del Pulitzer. De ahí lo que un periódico madrileño acaba de poner en boca del presidente del Gobierno: "Oye, Joan [Puigcercós], que sepas estoy sobre el tema. Dile a Ridao que hable con Elena [Salgado], y a ver si nos ponemos de acuerdo. Esto hay que arreglarlo". Y es que la literalidad presunta de ese tuteo cómplice nos aboca a tres únicas hipótesis explicativas.

La primera impone que fuese el propio Zapatero el más interesado en desprestigiar a Zapatero. Habría sido el presidente, pues, quien transcribió ese diálogo privado a la periodista: "Oye, me haría mucha ilusión que transmitieses a la opinión pública que soy un pelele en manos de los separatistas de la Esquerra. ¿Por qué no me haces el favor de filtrar que el asunto del dinero lo pacté sólo con ellos, de ese modo podré quedar en ridículo ante mis votantes de Extremadura y Galicia?". Aunque también pudiera ser que el periódico tenga "pinchado" el teléfono de Zapatero. No descartemos esa segunda hipótesis.

Y aún restaría una tercera, a saber, que los dos joanes ( Puigcercós y Ridao) fuesen la verdadera fuente de la "noticia", ésa que pretende atribuir el asunto más trascendente de la legislatura a un partidito de broma, poco más que una colla de castellers agrupados bajo una siglas históricas. Eso sí, unos marginales empeñados en que se respetase a pies juntillas todo lo que los socialistas catalanes incluyeron en el capítulo financiero del Estatut: limitación de la redistribución igualitaria a los servicios más básicos del Estado del bienestar, incremento de la cesión de impuestos estatales, y tratamiento diferenciado, asimétrico al fin, para Cataluña.

Lo siento, compañeros, pero antes me creería el cuento del calcetín.

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