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José García Domínguez

Sor Lucía

Suerte que el pío ex seminarista Carod nos ha convertido a Sor Lucía a la única y genuina religión de la tribu, el panteísmo del divino culto a "Nosaltres".

José García Domínguez
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Quizá sólo haya sido una broma de la Providencia para darle la razón al viejo Marx; ya saben, lo de El dieciocho brumario, aquello tan suyo de que la Historia únicamente se repite bajo el manto de la farsa. Así, si a la genuina Sor Lucía se le apareció la Virgen en Fátima, a una alucinada tocaya suya, oriunda de la Pampa, ha bajado a verla Carod Rovira caminando sobre un mar de Aromas de Montserrat, armado con la lanza de Moctezuma y partiéndose de risa ante una corona de espinas que, a modo de porcina bufonada, adornaba su iluminada calva. Ésa fue, al parecer, la escena celestial frente la que caería de bruces cierta Sor Lucía Caram, a la sazón candidata al Premio Pasamontañas de Oro, prestigioso galardón instituido por Josu Ternera en la muy transitada villa gala de Perpiñán.

El caso es que la tal Sor Lucía, que por lo demás acredita un magisterio soberbio en los usos retóricos de la liturgia nacionalista, dice haberse impuesto la penitencia de defender los dogmas sagrados del catalanismo a lo largo del ancho mundo; pesada cruz que carga merced a la gracia de saber que sólo hay una nación en Liliput y que Carod es su profeta. "Siempre tengo que dar explicaciones en los conventos por defender a Cataluña", se ha lamentado la visitadora con ese abuso de la metonimia patológico entre los fieles de la iglesia identitaria .

Como es fama, las monjas de clausura ibéricas, todas ellas, sin excepción, optaron en su día por tan sacrificada vida de silente y voluntaria reclusión empujadas por el odio hacia Cataluña. De ahí los indecibles padecimientos que ha de sufrir la pobre Sor Lucía siempre que la menor alusión a las incuestionables virtudes del pan con tomate, los calçots a la brasa o la lírica de Joan Salvat-Papasseit despierta la ira incontenible de sus pares, las feroces catalanófobas enclaustradas en el "Estat espanyol", tal como enfatiza puntillosa esa hija de Hernán Cortés.

Suerte que el pío ex seminarista Carod nos ha convertido a Sor Lucía a la única y genuina religión de la tribu, el panteísmo del divino culto a "Nosaltres", gloriosa unidad de destino en lo comarcal, amén de lucrativa abstracción metafísica portadora de valores eternos que cotizan al tres por ciento TAE en el mercado de las conciencias dormidas. Perdónala, Señor, porque no sabe lo que hace.

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