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Acertado aviso a navegantes para que en Génova controlen a partir de ahora ciertas tentaciones folclóricas de sus agrupaciones en la periferia.

José García Domínguez
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Acertado aviso a navegantes para que en Génova controlen a partir de ahora ciertas tentaciones folclóricas de sus agrupaciones en la periferia.
Los dirigentes de Vox Iván Espinosa, Santiago Abascal y Macarena Olona. | EFE

Eso de declarar persona non grata al prójimo es una bobada que se puso muy de moda hace algunos años, cuando una legión de alcaldes surgidos del más espeso anonimato pueblerino descubrió esa chusca fórmula para que su necedad municipal consiguiera captar la atención de los medios de comunicación, al menos durante el célebre cuarto de hora de fama que Andy Warhol había prometido a todos los mindundis del planeta. Así fue como media España acabó siendo proclamada non grata por la otra media en todo tipo de remotos plenos locales. Recuerdo unos paletos de un ignoto villorrio de Gerona que bautizaron non grato a Boadella porque, al parecer, alguien de la aldea que había ido una vez a la ciudad averiguó que representaba allí obras de teatro contra Pujol. De ahí que acabar convirtiendo en tragedias griegas ese tipo de gansadas pedáneas, un riesgo que ha estado encima de la mesa tras el anuncio de ruptura de relaciones políticas entre Vox y el PP de las últimas horas, se antoje un exceso desmedido.

Procede celebrar, pues, que en la dirección de Vox se haya impuesto la cordura y todo vaya a quedar en un "tomar nota", acertado aviso a navegantes para que en Génova controlen a partir de ahora ciertas tentaciones folclóricas de sus agrupaciones en la periferia. Está bien, sí, que los de Abascal tomen nota. Y, puestos a tomar nota, convendría de paso que también acusaran recibo de lo que pasó con Albert Rivera, aquel aficionado al que le sonó la flauta por una de esas carambolas del azar que se producen una vez cada cien años. Pudiéndolo ser todo, Rivera acabó en la nada porque ignoró la lección fundamental, a saber: los electores te abandonan si los convences de que votarte resulta inútil. El electorado de Vox no volverá al PP, la casa del padre, mientras Abascal los persuada de poseer suficiente cintura política como para presionar al máximo a Casado y su gente desde la derecha, pero siempre transmitiendo la certeza de que no romperá nunca los puentes con el partido mayoritario del conservadurismo sociológico español. Tan difícil de gestionar en el día a día, esa tensión medida al límite es lo que le puede garantizar el éxito de su proyecto. Y de momento, procede admitirlo, lo está haciendo bien.

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