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José García Domínguez

Zapatero tiene la solución

La solución no la tiene Al Fatah, columna vertebral de la Organización para la Liberación de Palestina. Quizá de ahí que los herederos Yasir Arafat mantengan una situación de clamorosa normalidad en Cisjordania, el enclave bajo su administración.

La solución no la tiene Mahmud Abbas, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina. Quizá de ahí que haya condenado sin turbias ambigüedades zapateriles el ataque de Hamas contra Israel, un Estado soberano al que reconoce. La solución no la tiene el Derecho Coránico. Quizá de ahí que los piadosos carniceros islamistas incurran a diario en crímenes de guerra expresamente tipificados por la Convención de Ginebra; crímenes flagrantes tales como ubicar plataformas de tiro, arsenales bélicos y unidades militares en medio de núcleos urbanos habitados por civiles y niños.

La solución no la tienen los países árabes. Quizá de ahí que todos, con las únicas excepciones de Irán y Siria, hayan repudiado los atentados contra la población indefensa del sur de Israel. La solución no la tiene Al Fatah, columna vertebral de la Organización para la Liberación de Palestina. Quizá de ahí que los herederos Yasir Arafat mantengan una situación de clamorosa normalidad en Cisjordania, el enclave bajo su administración. La solución no la tiene Egipto. Quizá de ahí que, al igual que Israel, haya ordenado sellar su frontera con Gaza, impidiendo así todo auxilio logístico, humano o material a los yihadistas desde su territorio.

La solución no la tiene la Presidencia checa de la Unión Europea. Quizá de ahí que haya expresado su pleno respaldo a la entrada de tropas regulares en el santuario de los terroristas, al tratarse de una "operación defensiva y no ofensiva". La solución no la tiene Obama. Quizá de ahí que siga callado como un muerto. No. El único que debe tenerla es Zapatero. De ahí que predique, sin ningún "quizá", su más enérgico rechazo tanto a la violencia de los judíos como a la de Israel y la procedente del Estado hebreo. Pues, según él –y sólo él, por cierto– "no hay una solución militar a la crisis".

No siendo tampoco hortofrutícola, hidráulica o algebraica, ¿qué otro tipo de solución cabrá, pues, cuando a uno le cae encima una lluvia de misiles? Al parecer, depende. Si ese uno no se llama Israel, sin duda, los aviones de la OTAN. Pero si se llama Israel, entonces, según Zapatero, procede echar mano de las enseñanzas de Gandhi, aquel indio tan bueno que siempre andaba por ahí en calzoncillos. El santo varón que prescribió lo que sigue a propósito del Berlín de 1940:

Estoy convencido de que el corazón alemán más cruel se fundirá si los judíos adoptan la no-violencia activa. La naturaleza humana siempre se pliega a las muestras de amor. No pierdo la esperanza en que Hitler responderá al sufrimiento, aun al causado por él.

Pues eso.

Tertuliano de La Noche de Dieter.

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