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Compasión y crueldad

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Compasión para el criminal, crueldad con los inocentes

El aumento de la criminalidad en España sigue imparable. No se trata de ser apocalípticamente alarmista, sino de señalar un hecho evidente para cualquiera que esté dispuesto a llamar a las cosas por su nombre. El número de muertes violentas en la capital en lo que llevamos de 2001 ya es superior al que se produjo en todo el 2000. Los asaltos a la propiedad son coreados como socialmente avanzados por todo tipo de resentidos e irresponsables que pululan por la política y la intelectualidad. La pusilanimidad de una ciudadanía adormecida por una civilización segura que otras ideas y otras actitudes que no las actuales, produjeron, permite aberraciones como la Ley del Menor, con amnistías masivas que siguen amenazando la vida y la prosperidad de las personas inocentes

La pena de muerte ha sido convertida en tema tabú. Peor aún, en tema de mofa contra el pueblo norteamericano y contra el presidente George W. Bush. Los que hablan de la santidad de la vida humana de un asesino en serie –la del nasciturus no es desde luego tan sagrada– se sienten así “moralmente superiores”. La santidad de la vida de las víctimas futuras que dichos asesinos probablemente van a cercenar más adelante, poco les importa. Quizás hasta sean burgueses que llevan vidas ordenadas como en Pozuelo. Que la pena de muerte sea la pena que menos reincidencias produce y que de esta forma se salven las vidas de muchos inocentes, es algo que no están dispuestos a considerar. El debate racional se hace imposible.

Hace más de un siglo, el economista francés Frederic Bastiat publicó un magnífico escrito que llevaba por título "Lo que se ve y lo que no se ve", en el que destruía algunas de las falacias mercantilistas y antiliberales, valiéndose del análisis de todos los efectos de cada actuación o política y no solamente de los más cercanos. Hace más de dos el también economista Adam Smith, escribía en su "Teoría de los sentimientos morales" que ser compasivo con el criminal significa ser cruel con los inocentes. ¡Qué sabios eran estos dos señores y qué poco parece escuchárseles!

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