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El aborto del "argentino"

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El "argentino" murió antes de nacer. Pocos días después del anuncio de su puesta en circulación, ha quedado abortada la emisión de la que había de ser tercera clase de papel moneda (no completamente distinta a las otras dos en su naturaleza, aunque sí peor aún en su calidad) de la Argentina. En medio de la locura que parece haberse apoderado de buena parte de los políticos y las gentes del país, el rechazo de este engendro significa, al menos, que la insanía aún no es absoluta.

Quizás esto pueda atribuirse al hecho de que, ante tanto desarreglo monetario, los ahorradores argentinos han ido desarrollando una importante cultura financiera. Ésta explicaría que una gran cantidad de ellos ya tuvieran situados sus ahorros en el extranjero antes de la suspensión de pagos, habiendo evitado así la casi segura expropiación. Parece ahora que incluso los menos cautos han advertido con mediana claridad que de haber prosperado este proyecto, la quita efectiva de sus ahorros ya resultaría irreversible.

La idea de emitir títulos que no sólo no son convertibles en nada, sino que para más inri representan certificados de algo a lo que se tuvo derecho y ahora ha sido sustraído, no es nueva. Se cuenta que cuando el eminente profesor de moneda y banca Benjamin M. Anderson protestó por la emisión en 1933 por parte de la Administración Roosevelt de unos vagos certificados que no expresaban derecho alguno y que debían servir como pago a los tenedores de los viejos certificados-oro, uno de los senadores le llevó aparte y le dijo: Doctor, es que usted no lo entiende. No son certificados de que tiene derecho a ese oro, sino de que se lo han quitado. Por las mismas, el "argentino" parecía un idóneo instrumento para certificarles a los depositantes que no volverán a ver los dólares de sus cuentas corrientes.

El rechazo del "argentino" debe tener también otras lecturas. El mercado jamás ha elegido, ni elige, el papel moneda. Éste siempre constituye una huida hacia delante impuesta por los gobiernos que no pueden atender sus compromisos. Difícil tienen los monetaristas explicarnos una vez más con qué justificación se pueden oponer ellos a dichos proyectos. A fin de cuentas el "argentino" era un papel moneda de emisión gubernamental para el que el "mercado" puediera ir fijando una cotización en cada momento. ¿Y qué decir respecto de keynesianos y demás socialistas? En realidad, el "argentino" constituye su modelo monetario ideal. Una "moneda" con la que se puede hacer "política monetaria estatal" y que vuelve a situar el poder de decisión en manos de los "gobiernos democráticamente elegidos". Ya sabemos que eso de dejar a los ahorradores el poder para defender lo que tanto les costó ganar es propio de incorregibles reaccionarios que pretenden crucificar a la Humanidad en una cruz de oro. ¡En verdad, qué extraño resulta que cada dos o tres años se produzca alguna de estas debacles monetarias, sea en Asia, Méjico, Brasil o la Unión Europea! Que me lo expliquen, por favor.

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