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¿Es malo bajar los impuestos?

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Después de explicarnos durante décadas las virtudes del déficit público –sus únicas “ventajas” son cargar de deudas a la generación venidera y destruir la moneda en la que ahorra la generación presente–, resulta ahora que los socialistas americanos (demócratas) se han lanzado a explicar los peligros de las “irresponsables” bajadas de impuestos. Es decir, aumentar el gasto público nunca es irresponsable, pero no expoliar a la gente, sí que lo es. Ya se sabe, si no hay dinero público, se acaba el mamoneo, pero si además la gente se queda con lo que es suyo, puede que llegue a alcanzar una posición desahogada y se rebele contra el sistema de miseria administrada conocido eufemísticamente como Welfare State.

Ante tanto alarmismo, el lector pensará que los EE UU van a aprobar un presupuesto con los mayores números rojos de su historia y que el tamaño de la deuda pública norteamericana representa un porcentaje del PIB infinitamente superior al de Japón o al de cualquier país de la Unión Europea. Pues no. Los EE.UU. tienen este ejercicio el segundo mayor superávit presupuestario de su historia. Su deuda pública como porcentaje del PIB, es un tercio de la japonesa y algo más de la mitad de la española. Recuérdese que las recomendaciones socialistas para Japón vienen siendo aprobar mayores déficits públicos y que en España, la Ley de Estabilidad Presupuestaria del gobierno fue duramente atacada como “reaccionaria” por nuestros pseudo-progresistas.

Según los demócratas, la bajada de impuestos pone en peligro las pensiones públicas para el futuro. Si ese fuese el caso, que no lo es, el momento sería el idóneo para desembarazarse de esta estafa piramidal conocida como sistema público de reparto o “solidaridad intergeneracional” (Seguridad Social) consistente en gastarse los ahorros del segmento de población en edad de trabajar y hacerle creer que su jubilación no peligra, porque ya llegará otra generación más joven a la que saquear. En realidad, la bajada de impuestos de George W. Bush no va a restar ni un centavo al gasto público, que desgraciadamente seguirá creciendo, pero al menos quizás evite que en el futuro todos los americanos acaben tributando a los mismos tipos marginales que ahora sólo pagan los “ricos”. De esta forma se impediría que toda la creación de riqueza que vayan generando los ciudadanos privadamente, acabe siendo gestionada en Washington. Poco sentido tiene acabar con la Unión Soviética para luego terminar teniendo el socialismo, aunque se llegue a él por esa vía “indolora”.

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