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Fischer se quita la careta

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El actual Ministro de Asuntos Exteriores alemán Joseph (Joschka) Fischer ya se movía entre los grupos izquierdistas más radicales de la Alemania Occidental –que defendían la violencia como arma política– apenas pasada la mayoría de edad. Así, en 1967, con sólo 19 años, ingresó en un grupo denominado Fuerza Revolucionaria (spontis). Seguidamente y como consecuencia de un enfrentamiento con la Policía durante una manifestación contra la guerra de Vietnam en Frankfurt, sufrió estancia en prisión de seis semanas. Fischer, que no había concluido siquiera el bachillerato, se “formó” por entonces con la lectura de los autores socialistas donde encontró material más que abundante para guiar su práctica revolucionaria. De ese modo llegó a convertirse en uno de los más activos dirigentes de los spontis, asumiendo el papel de "ministro de defensa" de la organización.

No fue este el único incidente de la turbulenta juventud de este personaje. En enero de 2001 Fischer fue llamado a declarar como testigo en el juicio contra el terrorista Hans Joachim Klein, largo tiempo refugiado en Libia. Klein, miembro del comando liderado por Ilich Ramírez Sánchez (Chacal), comparecía acusado por el secuestro de 70 personas en 1975, incluidos varios ministros del Petróleo de la OPEP. Al ser colega de correrías juveniles de Joschka, la fiscalía solicitaba la presencia de Fischer como testigo para aclarar algunas cuestiones de la “evolución política” de Klein. Fue por entonces cuando salieron también publicadas en Der Spiegel unas fotografías en las que Fischer aparecía golpeando a un policía durante una manifestación en Frankfurt en 1973.

El activismo revolucionario de Fischer siguió durante la década de los 70. En 1976 Fischer fue acusado de haber herido gravemente a un policía en una de las manifestaciones que siguieron a la discutida muerte en prisión de Ulrike Meinhoff, cofundadora de la terrorista Fracción del Ejército Rojo (banda Baader-Meinhoff). El actual Ministro fue puesto en libertad tras 36 horas de arresto.

Hacia el final de esa década, Fischer junto con otros antiguos revolucionarios cambió su táctica para socavar el Occidente capitalista. En términos leninistas, Fischer se había curado de la enfermedad infantil de izquierdismo dentro del comunismo. No era mediante un “aparato militar” revolucionario, sino a través de organizaciones fachada que causaran menos recelo en Occidente, como el mundo libre podía ser golpeado en la retaguardia.

En 1982, Joschka Fischer se unió a Los Verdes, partido recién creado en 1980 y que inmediatamente pasaría a servir las estrategias de Moscú. El plan estratégico del comunismo internacional pasaba entonces por romper la Alianza Atlántica y conseguir la indefensión y neutralización de Europa Occidental. Se confiaba en que, finalmente, ésta acabaría cayendo en las garras del marxismo, bien del modo que lo había hecho la Europa del Este tras la II Guerra Mundial con la “solicitud de ayuda” militar soviética incluida o tal vez al modo de Salvador Allende de “vía democrática al socialismo” tal y como está tratando de hacer ahora mismo Hugo Chávez en Venezuela.

Fischer y sus compañeros encabezaron así las grandes movilizaciones de los años 80 contra el despliegue de los misiles Pershing 2 de la OTAN en suelo alemán y contra la permanencia de las bases militares de Estados Unidos en Europa. También lideraron las campañas contra la energía nuclear y la industrialización, seguramente con el fin de disparar al máximo el precio de la energía y los niveles de desempleo en Occidente, creando así todavía mayor malestar contra el sistema capitalista. Es difícil sacar otra conclusión si se tiene en cuenta que apenas dijeron nada del despliegue de los SS20 soviéticos, de la represión de Solidaridad en Polonia o del accidente de Chernobil...

Hoy, en el año 2003, ya no existe el imperio soviético afortunadamente, pero para los “sandías”, igual que para los amigos y simpatizantes de Fidel Castro, el fin de destruir lo que todavía queda en Occidente de libertad individual y capitalismo sigue siendo el mismo. Los caprichos de las cuentas electorales alemanas han hecho que Fischer y sus Verdes (conviene subrayar que con poco más del 8% de los votos) hayan pasado de la algarada contestataria contra Occidente a estar ahora infiltrados en la fortaleza, ocupando entre otros espacios, algunos de los puestos de responsabilidad de la Alianza Atlántica.

No se requiere demasiada perspicacia para advertir parte del plan. Con leer los periódicos se descubre claro el patrón: romper la Alianza Atlántica, establecer el pensamiento único cutre-progre-ecologista como hegemónico en toda Europa y aislar y demonizar a los EEUU (especialmente si gobiernan los republicanos). La ONU juega, como no podía ser de otra forma, un papel principal en todo el plan: las tiranías del mundo subdesarrollado, la cada vez más “progresista” Europa y Koffi Annan y sus funcionarios (mayoritariamente rojos infiltrados) de la UNESCO, la FAO, etc. serían las fuentes de nuestro “Derecho” y los “garantes” de nuestra seguridad. El paso final hacia el abismo tendría fecha. Se produciría cuando un gobierno norteamericano –presumiblemente uno demócrata del tipo Gore– enajenase sus competencias y sus fuerzas militares en favor de tan siniestra organización.

El espectáculo que montó Fischer el fin de semana en Munich contra los Ministros de defensa de la OTAN, incluyendo el veto a la solicitud de preparativos para la defensa de un país de la alianza como Turquía, es sólo parte del plan. Mejor que estemos avisados.

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