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Greenspan y la política fiscal

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En su intervención del pasado jueves ante la Comisión de Presupuestos del Senado, Alan Greenspan se pronunció a favor del programa de rebaja de impuestos propuesto por George W. Bush. Esto es algo que ya ha sido suficientemente tratado por los medios de comunicación. Lo que no se ha explicado tanto es por qué Greenspan lo apoya y qué nos jugamos en el envite. Trataré de explicarlo un poco.

Los EE.UU. vienen teniendo superávit presupuestario en los últimos años. Es decir el gobierno federal ingresa por impuestos más de lo que gasta en la actualidad. ¡Y eso que gasta aproximadamente uno de cada tres dólares que allí se producen! La causa de este excedente ha sido, según Greenspan, el extraordinario incremento de la productividad por hora del trabajador americano. Provisto de mejores medios técnicos, merced a la acumulación de capital (tomado en préstamo del extranjero) y al desarrollo tecnológico; aprovechando los beneficios de la división del trabajo que un comercio internacional más amplio proporciona y forzado a mejorar para satisfacer a unos clientes que pueden escoger entre múltiples alternativas, el americano medio produce por hora bienes y servicios en una cantidad y calidad que se incrementan anualmente casi un 3 por ciento. Se trata pues de decidir qué hacer con ese superávit entre las diversas alternativas posibles.

De acuerdo con diversas estimaciones, el superávit previsible en la próxima década es de tal magnitud que hacia 2010 puede haberse amortizado la totalidad de la deuda pública. No sólo eso, el excedente presupuestario supone que de no reducirse los impuestos, los activos reales en manos del gobierno aumentarán también. Lo que quiere decir que se produciría un aumento del sector público industrial. Una “renacionalización” de la economía a través de los impuestos. Greenspan alertó sobre esta posibilidad. Desde luego, quien considere que el gobierno es capaz de administrar el capital y crear riqueza mejor que los particulares, tiene todavía que explicar entre otras cosas, por qué la renta per cápita de Corea del Sur es diez veces mayor que la de su homónima del Norte.

Es decir, la alternativa ya no es la que presentó Gore durante las elecciones, sino otra de más calado. No se trata de elegir entre reducir la deuda pública o bajar los impuestos, sino entre rebajar éstos o seguir la marcha hacia el socialismo que tantos “éxitos” ha deparado en más de medio mundo.

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