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La coherencia argentina

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Hace menos de cuatro meses, el gobierno Duhalde anunciaba a bombo y platillo que la convertibilidad fija peso-dólar había hundido a la Argentina. El populismo peronista prometía que la devaluación y libre flotación del peso traería la recuperación económica al país. En realidad, la devaluación sólo ha servido para disparar los precios y arruinar a acreedores y ahorradores. Mientras se anuncia como inminente la aprobación de una nueva ley de convertibilidad fija (a 3,5 pesos por dólar eso sí), Duhalde sigue impertérrito al frente del gobierno. Todo pura coherencia.

También hace menos de cuatro meses el parlamento ovacionó al grito de “Argentina, Argentina” el mayor impago de deuda de la historia de una nación. Las masas delirantes se echaron a las calles como si de un triunfo en el campeonato del mundo de fútbol se tratase. Pues nada, siguiendo el principio kantiano según el cual un comportamiento verdaderamente moral puede convertirse sin problemas en norma universal, los argentinos están viviendo en carne propia lo apropiado que es no ser reembolsado por los deudores. Ni los bancos pueden obtener el reembolso de la deuda pública, ni de los créditos en los términos que fueron concedidos, ni ellos pueden recuperar por tanto lo que el sistema bancario les adeuda.

Que los argentinos sean conocidos mundialmente por sus abundantes psicólogos y su verbo fácil a la hora de vender humo, quizás no sea una casualidad. Verdaderamente es algo esquizofrénico rechazar la dolarización y al mismo tiempo convertir inmediatamente a dólares cada peso que cae en manos propias. Como lo es entusiasmarse por no pagar las deudas y luego encolerizarse cuando no se las pagan a uno. La demagogia sirve para lo que sirve. Para hacerse pasar por amigo de los pobres y dejar los países empobrecidos y desorientados. Cuando no se respeta la propiedad privada, ni se pagan las deudas, no resulta demasiado extraño que el mercado internacional de capitales te retire el acceso al crédito y que la producción caiga un diez por ciento anual. Lo peor de todo es que ahora ha aparecido en escena el diputado del Polo Social y ex asesor de Alan García, Daniel Carbonetto, con propuestas más extraviadas todavía. La autarquía total y la nacionalización de toda la producción. Virgencita, virgencita, que me quede como estoy.

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