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Nunca mais: más de lo mismo

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Parece que el ínclito Arenas (el amigo de las Comisiones Obreras y el centrismo reformista) se ha caído del guindo. Califica de preocupante la manipulación que, a través de la plataforma Nunca Mais viene haciendo el BNG en los últimos meses. Existen además denuncias de que los fondos recaudados por esta plataforma no están yendo a los pescadores y demás damnificados, sino a financiar las actividades de la propia plataforma.

Tan antiguas como el leninismo, las organizaciones fachada han venido sirviendo al movimiento comunista como “correas de trasmisión” desde hace ya más de ocho décadas. Tontos útiles, compañeros de viaje y en general toda suerte de inocentes bienintencionados, han podido así ser atraídos y manipulados por el Partido para sus propios fines.

El número de organizaciones-fachada creados y/o controlados para servir la causa de las subversión ha sido siempre impresionante. La fachada siempre varía, los objetivos últimos de los promotores –que siempre son los mismos–, no. Stepehn Koch en su libro El fin de la inocencia repasaba algunas de las plataformas con más éxito que la KOMINTERN puso en marcha a través de Willi Münzenberg en el periodo de entreguerras: “Sacco y Vanzetti”; las “Asociaciones por la Paz” o las “Asociaciones contra el Fascismo”, entre otras. La idea es muy simple. Allí donde la gente no se deja arrastrar por el verdadero programa del Partido, una buena fachada casi siempre permitirá “trabajar con las masas”. Una pequeña ruedecilla –un grupo de disciplinados militantes– puede mover un gran vehículo –amplias capas de población. Sólo es necesario el engranaje adecuado. En unos casos adoptarán la forma de una asociación para la defensa de los derechos de los inmigrantes o de las minorías, en otros, el de una asamblea de científicos por la paz y el desarme nuclear (de la OTAN por supuesto, no de Corea del Norte, la India o el Pakistán). Aquí una ONG contra el hambre en el mundo, allí, otra por la conservación del planeta...

Cualquier militante de campo tiene siempre presente los objetivos últimos de toda organización fachada y de toda campaña. No en vano, aparecen en cualquier manual de leninismo. Así la organización de campañas y plataformas debe articularse atendiendo a las siguientes prioridades:

¿Es posible influenciar a un gran número de personas a través de la misma? En el caso del Prestige, estamos hablando no de miles o centenares de miles, sino de millones o decenas de millones...

¿Está implicada alguna autoridad –mejor cuanto más importante y opuesta a la subversión sea– que pueda ser debilitada o calumniada? ¿Qué tal Fraga y Álvarez Cascos?

¿Pueden salir fortalecidas otros proyectos comunistas que están siendo llevados a cabo en ese momento? Al ecologismo mal no le viene.

¿Puede el Partido conseguir reclutamiento a través de esta campaña? Recordad siempre que la agitación de masas siempre está ligada a la construcción del Partido. Miles de jóvenes voluntarios e idealistas que “encuadrar”.

¿Pueden obtenerse fondos para el Partido? Sin comentarios.

Sería ingenuo pensar que una ocasión así no iba a ser aprovechada por IU-BNG y otros. Quienes son capaces de movilizar a su gente incluso con ocasión de una reunión del Consejo Europeo en cualquier capital o de ir a dar vítores a Fidel Castro en reuniones latinoamericanas, no acostumbran a dejar pasar oportunidades como estas.

El Gobierno ha cometido numerosos errores en la gestión de este catastrófico accidente. Además, sus miembros y los militantes en general del PP, navegan hace tiempo en la indigencia ideológica de abrazar cualquier política destruccionista con tal de que la inteligetsia mediática la califique de “progresista, centrista o social”. Ahora bien, lo único seguro es que la solución no la va a traer Nunca Mais. Eso es sólo más de lo mismo.

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