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Zapatero, el pirómano bombero

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Dispuestos siempre a ponerse a la cabeza de la manifestación y capitalizar cualquier descontento social, los socialistas anunciaron esta semana que la seguridad ciudadana constituirá uno de los ejes fundamentales de su alternativa de gobierno para las próximas elecciones municipales y autonómicas. Asimismo acusaron al Partido Popular de desatender presupuestariamente este campo y de “promover la seguridad privada que sólo está al alcance de los pudientes”. Vamos, que subiendo los impuestos, contratando unos miles de policías más y eliminando los guardias privados de Prosegur y las alarmas de Securitas direct, tendremos un nivel de delincuencia menor que el cantón suizo de Uri.

Es difícil comprender, salvo por el hecho de que supone más gasto público, que los socialistas que no dudan en denunciar cualquier incremento en gastos de defensa (sobre todo si lo hace algún país de la OTAN, por no hablar de los EE.UU.), pidan más presupuesto para seguridad ciudadana. ¿No habíamos quedado en que desarmarse, dialogar y dar dinero a fondo perdido es la mejor forma de hacer frente a las agresiones y garantizar la paz?

Vamos a ver. ¿Recuerdan ustedes quiénes fueron los primeros en aplaudir la eliminación de los serenos? ¿Y los que suscribieron la excarcelación de unos cuantos millares de delincuentes con motivo de la aprobación de la última Ley del Menor? ¿No fue con motivo de la reforma del Código Penal de 1993 aprobada por los socialistas, cuando fueron rebajadas las penas de todos los delitos contra la propiedad porque según dijo alguno, tampoco había que sobreproteger la institución que hace posible la explotación del hombre por el hombre?

El principio fundamental de la política penal socialista —y desgraciadamente también el de los desnortados “populares”— siempre ha sido la “reinserción del delincuente”. En otras palabras, cuanto antes vuelva el delincuente a la sociedad para seguir delinquiendo, mejor. Según los socialistas el hecho de que las tres cuartas partes de los crímenes sean cometidos por multireincidentes no tiene nada que ver con las altas cifras de criminalidad. No, la culpa la tienen los “pudientes” que contratan guardias privados y alarmas. Los que instalan puertas blindadas o tienen perro guardián.

Esto sólo es el principio del esperpento. El porcentaje de convictos es notablemente superior entre la población emigrante y todavía mayor entre el colectivo de emigrantes ilegales. Los socialistas están tan preocupados por que se cumpla la ley y por la seguridad ciudadana que José Bono, uno de sus principales dirigentes, anunció recientemente que daría orden expresa a las fuerzas de seguridad de no pedir nunca la documentación, ni establecer el más mínimo control sobre el colectivo de mayor riesgo que existe en España.

La proporción de delincuencia entre jóvenes provenientes de familias disfuncionales en comparación con el resto, es probablemente superior a 30 a 1. No hace falta ser muy perspicaz para advertir quién ha tenido permanentemente en su punto de mira a la institución familiar tradicional y ha promovido toda clase de “alternativas cachondas”.

Algún sociólogo ha avanzado la teoría de la “privación relativa” como uno de las explicaciones de la delincuencia. Se argumenta que la notable disparidad entre las expectativas generadas y el grado de bienestar que se disfruta, impulsa a muchos jóvenes a delinquir. Si esto es así, los socialistas en este punto sólo son superados por los comunistas a la hora de fabricar delincuencia. Con eslóganes demagógicos como que todo el mundo “tiene derecho” a los mayores niveles de bienestar por el sólo hecho de existir, que la producción es un “problema técnico que está resuelto”, que basta con “redistribuir adecuadamente” (el hecho de que en Moldavia, Cuba o Corea del Norte, donde ya han mandado más de medio siglo, la mayoría de la población tenga un nivel de vida notablemente inferior al de los mendigos occidentales, prueba la veracidad de tan notables teorías), y que “esforzarse individualmente carece de sentido porque labrarse el propio futuro es algo inconcebible en este mundo de discriminaciones dominado por las multinacionales”, se dedican a envenenar diariamente la vida de miles de jóvenes confundiéndoles hasta convertirles en incapacitados funcionales. Ya se sabe que la alternativa marxista a estudiar, a trabajar duro y a ganar dinero creando riqueza, es organizarse como bandolero u okupa ¡Y éstos son los que van a apagar el incendio!

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