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José Manuel Puertas

Pau Gasol: un álbum de fotos irrepetible tras el que nada será igual

El pívot español se retira tras más de dos décadas en las que lideró a España a alcanzar los mayores éxitos de su historia.

José Manuel Puertas
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El pívot español se retira tras más de dos décadas en las que lideró a España a alcanzar los mayores éxitos de su historia.
Adiós a una leyenda: Pau Gasol se retira del baloncesto

Para un servidor, nacido en 1980, la sensación de enorme vacío interior que empezó a crecer en mi fuero interno la semana pasada con el anuncio de su rueda de prensa hoy ha alcanzado su máximo esplendor al ser consciente de que nunca más veré a Pau Gasol en una cancha de baloncesto. Una noticia que, no por esperada, resulta menos desasosegante, seamos francos.

Pau Gasol debería ser todo, o mejor dicho lo es, para los que nacieron en el mismo año que yo y, qué demonios, para los que lo hicieron quince años antes y otros tantos después. Es la punta de lanza de la España que, a lomos del efecto Barcelona’92, se quitó los complejos internacionales. Gasol es aquel mate en la final de Lisboa contra Estados Unidos, la descollante exhibición en la Copa del Rey de Málaga en 2001 o su demoniaco manejo de balón en la ciudad deportiva del Real Madrid para desquiciar a un equipo blanco que, por entonces, no sabía que tenía a un extraterrestre delante. Nadie era consciente de aquello, ciertamente.

El catalán es aquella portentosa tarde en Estambul para ganar un bronce europeo ante la Alemania de Nowitzki y, meses más tarde, el icónico "Uno, dos, tres, ¡Olé!" de la televisión americana cuando Kevin Garnett todavía se preguntaba como ese puñetero y escuálido españolito le había hecho semejante jugada en su cara remontándole la línea de fondo. Aunque también es congoja y dolor. Cómo olvidar aquel inexplicable estreno en el Europeo de 2009, que acabó con España arrasando pero que empezó con Serbia bailándonos y con Gran Bretaña (¡¡Sí, Gran Bretaña!!) estando a punto de echarnos a casa en el segundo día. O la inolvidable y penosa noche de 2014 en que Francia nos puso en nuestro sitio cuando, chovinistas nosotros esa vez, ya pensábamos que seríamos los únicos capaces de ganar a Estados Unidos.

Pau es la reverencia sincera de los americanos tras la final de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, cuando tiramos al palo por segunda vez. Cuando les acojonamos, porque así fue, como nunca. Es la revancha de todos los tiempos, con ese partido en Lille en 2015 que aún nos pone la piel de gallina y lo seguirá haciendo cuantas sean las veces que lo veamos. Esa tarde daba igual el patriotismo o lo que uno sintiera por España o la tirria que pudiera tenerle a los franceses. Lo cierto es que el catalán dejó para el recuerdo una exhibición insuperable para vengar la dolorosísima afrenta de Madrid un año antes. Nos aunó a todos los que hablamos su idioma. Aquel verano éramos, indiscutiblemente, peores que los franceses y lo sabíamos todos. Menos el inconsciente de él. Qué noche, la madre que me parió...

Pau Gasol es el salto inicial con Marc en el Madison Square Garden, la primera vez que dos hermanos eran titulares en el All Star Game de la NBA. Es aquel ‘Pau también juega’ de las camisetas en Saitama, cuando tras quebrase su pie a un minuto de que acabara la semifinal contra Argentina casi todos pensábamos que ganar a Grecia iba a ser imposible, pero aquellos once genios con Pepu Hernández al frente nos demostraron que ya era hora de acabar con muchos de nuestros históricos complejos. El pívot de Sant Boi también es aquel tiro a la media vuelta fallado en Madrid, y que todavía nos hace preguntarnos como fue posible que esa Rusia con un seleccionador americano y un base negro -los tiempos empezaban a cambiar- nos había robado ‘nuestro’ Eurobasket en la cara. Porque Pau Gasol es maestro, icono y referencia. En la victoria y en la derrota.

Es leyenda, y un grito en el Staples Center tras un 2+1 que acercaba a los Lakers a otro anillo, en un séptimo partido ante los Boston Celtics (¿hay algo más icónico en el universo baloncesto que eso?) en el que también fue protagonista, liderando junto a Kobe Bryant a los de oro y púrpura. Es un partido ante Polonia en el Eurobasket de 2015 en el que, mermadísimo del tobillo, se decidió a ganar al rival por fuera, firmando 6 de 7 triples y 30 puntos donde no se le esperaba. Para no forzar demasiado, ya se sabe. Pau es la lucha sin cuartel por un último baile, por llegar a Tokio y por pelear dignamente la Euroliga con el Barça, por encima de una lesión que ha retirado a más de un pívot (pregúntenle a Yao Ming) y que con 40 años le tuvo parado dos temporadas. Un hecho prácticamente sin precedentes en la historia del baloncesto. O sin el prácticamente.

Pau Gasol es todo ese álbum de fotos (añada el lector las que quiera, las hay innumerables), y mucho más. No estuvo en la Copa del Mundo de 2019, pero es indiscutible que, sin su legado, España no habría sido oro en China. Un tipo formado, implicado, con valores, preocupado por la infancia y que, a partir de ahora, será lo que quiera ser, porque se lo ha ganado con creces. Ante él escribo estas líneas emocionado por tanto recuerdo y tratando de llenar esa sensación de que, más allá de mi edad biológica, acabo de envejecer dos décadas, consciente de que tan inigualable referente nunca más estará en la cancha. El vacío será enorme en los pabellones. Y creo que mucho más en el alma. La memoria, eso sí, quedará repleta y enormemente agradecida.

Y ahora, ¿qué? Se pregunta uno ante el futuro de nuestro baloncesto, con ese dolor por el vacío que sigue sin calmarse. Y se es consciente de que se seguirá aspirando a cosas importantes (aunque no con la pasmosa regularidad de las dos últimas décadas), porque el jugador nacional si hace algo bien es competir ante casi cualquier rival, pero que ya, probablemente, nada será igual hasta dentro de unos cuantos años. O décadas. Porque nuestro techo, a partir de ahora, está un poco más bajo. Es evidente e inevitable. El líder de la manada ya solo podrá ser mentor de nuestros jóvenes desde fuera de la cancha. Nunca más tocará a rebato como en esa noche de Lille. ¿Lo he dicho ya? Qué noche, por favor...

Esta debe ser la auténtica crisis de los 40, y no me había dado cuenta hasta ahora.

Gracias por tanto, Pau Gasol. Te diría que disfrutaras la vida, pero sé que seguirás aportando para que la de todos sea mejor.

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