Menú
José María Aznar

Otra Europa sigue siendo posible

Es necesario recordar que los ataques terroristas de marzo de 2004 en Madrid, y más recientemente los atentados de Londres, fueron perpetrados por personas que llevaban muchos años viviendo en nuestros países.

José María Aznar
0
Por su interés, reproducimos el artículo publicado por el ex presidente del Gobierno, José María Aznar, en el diario británico Financial Times.
 
El pesimismo reina sobre Europa. La izquierda, que hizo del Tratado de la Constitución europea su último bastión ideológico, sigue buscando las palabras adecuadas tras el no popular en Francia y Holanda; el centro-derecha, aunque celebró en Polonia la victoria de una fuerza política reformista y liberalizadora, está sin embargo tratando de digerir la desgana de los votantes alemanes a la hora de aceptar las duras condiciones y la necesidad urgente de reformas. Pero el pesimismo se puede superar. Todavía no es demasiado tarde para cambiar el rumbo de Europa. La pasividad y los líderes blandos o descafeinados son la peor receta para Europa en estos momentos. Europa vive presiones existenciales y necesita encontrar una manera de sobrellevarlas. Desde la amenaza del terrorismo; los riesgos de crisis económicas; y los peligros de una demografía caracterizada por una población cada vez más envejecida y una tasa de natalidad insuficiente, hasta la persistencia de ideas equivocadas sobre cómo afrontar el futuro. Sin embargo, desde mi punto de vista, la hoja de ruta para un futuro mejor es simple y clara.
 
Resulta imprescindible recuperar nuestros valores y nuestros principios, las raíces más profundas de Europa, como por ejemplo, nuestras raíces cristianas. Nuestros propios valores culturales, dejando a un lado el tremendo error del multiculturalismo. Debemos reavivar una voluntad firme para fortalecer nuestras alianzas y nuestros compromisos con aquellos aliados que opinan como nosotros. También necesitamos potenciar la influencia de Europa mediante la promoción de políticas que favorezcan la reforma, la flexibilidad y la apertura. Y por último, necesitamos decidir cómo definir a Europa como potencia al lado de Estados Unidos, siendo una parte fuerte del mundo occidental, pero no como una contra-potencia de los Estados Unidos. Sería una tontería entrar en el juego de dividir al mundo atlántico.
 
Esto puede traducirse en políticas específicas, un programa para una nueva Europa:
 
En primer lugar, hay que definir los límites de la Unión Europea. Europa no es infinita. En algún punto del mapa habrá que trazar una línea. Es fundamental que construyamos una Europa viable, una Europa factible. Una de las cuestiones que necesitamos tratar es Turquía con todas sus ventajas e inconvenientes. Y más ahora, cuando la Unión Europea acaba de iniciar el proceso de negociación para la adhesión de Turquía.
 
En segundo lugar, no hay que tocar el modelo institucional. El Tratado de Niza es la expresión de un consenso que hizo posible emprender la ampliación de la Unión Europea, así como toda la reforma institucional necesaria. No daríamos prueba de ejercer un liderazgo serio si aprobamos un tratado enfocado en la defensa de un consenso, promovemos la ratificación del tratado y luego, apenas dos meses después, decimos que tenemos una nueva idea, que el tratado de hecho no nos conviene y que necesitamos proponer otro reparto interno del poder en Europa. Respetar los acuerdos, cumplir con la palabra dada: ese es un buen ejemplo política seria.
 
En tercer lugar, está la reforma económica. Más liberalización, un mercado único más fuerte, más apertura, más flexibilidad, y menos impuestos –en otras palabras, recuperar completamente la Agenda de Lisboa.
 
En cuarto lugar, reestablecer el Pacto de Estabilidad. El Pacto de Estabilidad es uno de los cimientos más importantes para la credibilidad de Europa. En mi opinión, el Pacto es necesario, a medio e incluso a corto plazo, para reactivar las economías de Europa. No estaríamos ejerciendo un liderazgo serio si estableciésemos un pacto enfocado a garantizar la estabilidad y que aquellos que lo hemos diseñado no lo cumpliésemos, tomando la decisión no sólo de modificar sus políticas sino de eliminar el pacto en su totalidad.
 
En quinto lugar, hay que definir nuevas políticas en dos áreas esenciales: terrorismo e inmigración. En lo que respecta al terrorismo, hay tres cosas que debemos hacer. Una es aceptar el hecho de que estamos en guerra, una guerra que nos han declarado los fundamentalistas islámicos. Otra es dejar claro que tenemos el derecho y el deber de defender nuestras sociedades. Y finalmente, debemos hacerlo en colaboración con nuestros aliados. En otras palabras, no sólo tenemos que hablar de una comunidad de valores, sino también de una comunidad de acción coordinada. En lo que respecta a la inmigración, yo diría que el experimento multicultural ha fracasado. Tenemos que defender la idea de que todos los ciudadanos son iguales ante la ley y que la ley es la misma para todos. Esa es la verdadera expresión de la tolerancia: igualdad ante la ley.  Pero es necesario recordar que los ataques terroristas de marzo de 2004 en Madrid, y más recientemente los atentados de Londres, fueron perpetrados por personas que llevaban muchos años viviendo en nuestros países.
 
En sexto lugar, hay que fortalecer la relación atlántica, especialmente mediante dos iniciativas específicas. Una consistiría en la reforma de la OTAN, con el fin de garantizar mejor nuestra seguridad, nuestra libertad y nuestra prosperidad. La otra sería crear una gran área económica atlántica, para asegurar nuestras posibilidades a la hora de afrontar mejor el futuro de un mundo globalizado. Hay que olvidar las ambiciones de aquellos que desean crear una Europa que sea el contrapeso de los Estados Unidos. Si sigue por ese camino, Europa acabará convirtiéndose en un peso muerto, nada más. El único tema en el que debemos tener una rivalidad sana es en el de la economía global.
 
Creo que estas son las necesidades más urgentes. Creo que tenemos que volver a adoptar una actitud seria con respecto a Europa, tenemos que cumplir con nuestra palabra. Crear trabajo, reforzar nuestras alianzas, defender nuestros principios, reformar nuestras sociedades: esa es una buena política. En cualquier caso, merece la pena intentarlo. Sobre todo ahora que Angela Merkel va a estar al mando de la locomotora alemana. Europa tiene ahora la oportunidad de avanzar en la buena dirección.

En Internacional

    Lo más popular

    0
    comentarios

    Servicios