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Las razones para votar en el Parlamento Europeo son de orden puramente interno, es decir para manifestar una opinión acerca de la política nacional.

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La sola idea de acudir a votar a las elecciones europeas se hace siempre cuesta arriba. Más aún cuando las listas que presentan los principales partidos políticos indican que el Parlamento Europeo es para estos, un recurso con el que premiar, jubilar o quitarse de en medio a personas que estorban. Y eso con independencia de la popularidad de estas personas, de su tirón ante el electorado o de su conocimiento de los asuntos europeos, que también podría ser un argumento de peso para incluir a alguien en la futura nómina de eurodiputados.

En la lista del PP, a Gerardo Galeote, experto en instituciones europeas, lo han retirado por sospecha de corrupción. También ha caído, en la misma lista, Luis Herrero, que ha llevado al Parlamento Europeo algunos asuntos de la actualidad de su país y se ha esforzado por hablar del Parlamento a una opinión pública que no suele mostrarse muy interesada por el tema. La incorporación de Teresa Jiménez Becerril apenas equilibra un poco lo ocurrido, porque da a entender que no son las cuestiones europeas las que cuentan, sino, en el mejor de los casos, otras de carácter interno.

Lo mismo parece pensar el PSOE, con una lista que parece todavía más un cementerio de elefantes que la presentada por el PP.

Así que las razones para votar en el Parlamento Europeo son de orden puramente interno, es decir para manifestar una opinión acerca de la política nacional. En este sentido, se entiende que se vote a otra de las grandes opciones en función de las preferencias de cada cual. Se entiende aún más que en la situación actual los electores socialistas se retraigan y que los votantes del PP estén más dispuestos a movilizarse contra Rodríguez Zapatero.

Caben otras posibilidades. Por ejemplo, el voto a UPyD o a otros partidos que en España, al ser clasificados de extrema derecha, pasan automáticamente a la marginación, como ha ocurrido con la respuesta al intento, frustrado, de la plataforma Libertas. En otros países europeos pasa algo parecido, pero aun así esos partidos se imponen gracias a un electorado al que saben seducir y convencer. Democracias europeas consolidadas, más maduras que la nuestra, tienen partidos de este tipo sin que se tambalee el sistema, se vea amenazada la libertad ni se impidan los cambios electorales. Al contrario: véase lo ocurrido en estos años en Francia, en Italia, en Austria o en Holanda. No estoy preconizando el voto a estos partidos. Me parece, en cambio, que estos tabúes no han servido para mejorar la vida pública española. Al contrario. 

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