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La clausula ‘ad bonum fine’

Cuando una universidad sea reincidente en tesis plagiadas, concesión irregular de másteres o fraudulenta de grados, debería retirársele la licencia para otorgar títulos oficiales.

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Hay momentos en la vida en los que uno revisa su vida pasada apesadumbrado por algo dicho, pero también nostálgico de aquello que nunca dijo aunque debió hacerlo.

Uno de esos es, seguramente, el que estamos atravesando los españoles, consecuencia del coronavirus, que cada día nos sorprende con datos más alarmantes, combinados con Gobiernos incapaces de reconocer decisiones de extrema irresponsabilidad.

Uno bien significativo es el que, cuando toda la población está angustiada por los infectados y muertos, la preocupación de un vicepresidente del Gobierno se cifra, aun mirando a su propia familia, en la inamovilidad de su participación en la comisión de seguimiento del CNI.

Pero dejemos esto a un lado, porque se preguntarán qué tiene esto que ver con el título de estas líneas, que en el español jurídico se enunciaría como la condición contractual de "salvo buen fin". Pues, como he dicho, más de una vez he pensado en decir lo que pienso, de condición tan sabia, aplicada al ámbito universitario.

Mis colegas y amigos juristas me disculparán por semejante atrevimiento, pero ellos, por encima de todo, son universitarios, por lo que el problema objeto de hoy en nada les es extraño.

El problema es uno más de aquellos que cualquier sujeto piensa, en los momentos postreros de la vida, que no le gustaría morir sin haber hablado de ello; como si uno programase su paso a mejor vida. Si, por ejemplo, hubiera vivido la peste negra, seguramente habría sido entonces el momento oportuno, pero, aunque con muchos años, no pude hacerlo en el siglo XIV.

La cuestión es muy simple: hay una serie de instrumentos jurídicos –cheques, avales, etc. en los que media plazo– que contractualmente su aceptación por el vendedor equivale al pago de la mercancía, siempre que a su vencimiento se produzca efectivamente el pago pactado. Es decir, que el cheque… tenga un buen fin, cifrado en hacer honor a la obligación que representa.

Tal como se nos muestra la Universidad de hoy, inimaginable desde el siglo XIII, me pregunto, antes de que sea tarde: ¿no deberían los títulos universitarios –graduado, máster, doctorado, y la generación de diplomas de todo género– otorgarse al interesado ad bonum fine?

Nada dificultaría la vida de los titulados honestos, porque el bonum fine estaría garantizado, pero anularía los fraudulentos, que quiebran la confianza en ellos depositada, expandiéndose esa quiebra sobre los que honran el proceso y sobre la Universidad.

Han incrementado tanto y tan rápidamente los fraudulentos que, por la Universidad, a la que tantos y tanto amamos, había que llegar a una solución de este tipo. Y, añado algo más, que quizá gustará menos: cuando una universidad, en la que no estoy pensando, sea reincidente en tesis plagiadas, concesión irregular de másteres o concesión fraudulenta de grados, debería retirársele la licencia para otorgar títulos oficiales, con validez en el todo el territorio nacional.

¡Ya tengo más enemigos!

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