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¿Fuera de la COPE?

Losantos acusa en particular a importantes sectores del PP, encabezados por Rajoy y Gallardón. Nunca un partido de oposición lo tuvo tan fácil, ni nunca cometió tamaños errores que hacen difícilmente creíble su victoria electoral.

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Había oído algún rumor, pero nada confirmado. Hoy el propio Jiménez Losantos ha dado su versión del ultimátum que le ha presentado la dirección de la Cadena Episcopal, en una doble versión: una entrevista en el diario El Mundo y una larga exposición de su punto de vista en su blog, acogido a estas páginas de Libertad Digital. Naturalmente (¡pobre de mí!) nadie debe esperar ninguna novedad en estas líneas. Su propósito es muy otro: mostrar mi solidaridad con Federico y mi apreciación de su excelente trabajo como profesional de la radio, sin que ello necesariamente vaya en desdoro de sus otras ocupaciones, pero creo que a virtud de un genio singular esos otros menesteres se condensan y acrecen en su perfil radiofónico.

Aunque comprendo que Jiménez Losantos se sienta dolido por la ingratitud que supone el propósito del presidente ejecutivo de la COPE de excluirlo de la dirección de La Mañana, admito lógicamente que la propiedad de la Cadena puede adoptar decisiones de esa naturaleza, aun a costa de perder gran parte de sus ingresos publicitarios. Al fin y al cabo, los obispos persiguen bienes "superiores" al interés económico. Más difícil de entender me resulta que la COPE no valore el efecto legitimador de la Iglesia Católica que comporta gran parte de la audiencia que concita Federico, integrado por personas escasamente religiosas cuando no decididamente agnósticas. Con frecuencia, para no perder la sintonía, sigo escuchando esta cadena incluso cuando el contenido de sus programas sucesivos no tenga interés para mi. Quizá sea yo un bicho raro, pero si no lo soy la COPE perderá buena parte de su audiencia.

Además, en términos religiosos, La Mañana cumple una función evangélica, en sentido lato. Pues como dice una cuña publicitaria de la propia emisora "la verdad os hará libres" (Juan 8: 32). Parece que el argumento básico para querer expulsar a Federico de su programa reside en su agresividad formal: "insulta demasiado". Jiménez contesta, seguramente con razón, que más lo insultan a él. Resulta penoso entrar en esta aritmética del insulto. Pero nadie puede negar que la agresividad verbal de Federico se corresponde con una inquebrantable independencia al servicio de la verdad. Está por demostrar que haya utilizado mentiras con propósito de injuriar o calumniar o que se haya sometido a cualquier interés sectario. Parece que la COPE quiere sustituirlo en La Mañana por Ignacio Villa (mucho arroz parece para tan poco pollo), que no sé si es más o menos agresivo que Federico, pero que evidentemente es un sectario.

Los obispos sabrán lo que hacen. Jiménez Losantos acusa en particular a monseñor Cañizares, ahora en la curia de Roma, al que se le habrá pegado la oficiosidad vaticana, y a importantes sectores del Partido Popular, encabezados por Mariano Rajoy y Alberto Ruiz-Gallardón, cuyos propósitos de convertir al partido en un PSOE de derechas son estorbados por La Mañana. Nunca un partido de oposición lo tuvo tan fácil, ni nunca cometió tamaños errores que hacen difícilmente creíble su victoria electoral. Allá unos y otros. Mi propósito, como dije, se reduce a expresar a Federico mi admiración y a desear que en la COPE o fuera de ella, siga ilustrándonos y divirtiendo con su trabajo radiofónico.

José Vilas Nogueira es profesor emérito de la Universidad de Santiago de Compostela

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