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Vivan las cadenas: PSOE TV

Madame Royal expresó su identificación con la política de igualdad de Zapatero y citó como ejemplo la "ley contra la violencia de género". Que yo haya percibido, limitó a esa política su concordancia con Zapatero.

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Día tras día nuestra sociedad se va conformando progresivamente a las distopías del pasado siglo. Aquello lo previó ya Orwell, esto está ya en Huxley, lo de más allá fue anticipado por Bradbury. En el mundo desarrollado, el despotismo es sólo ocasional y subsidiariamente acude a la coerción física. Su instrumento principal y más eficaz es la manipulación de la mente.

Obedientes a estos propósitos, los socialistas han inaugurado su propia televisión. Rajoy ha dicho que para anunciar la creación de una televisión no precisaba el PSOE haber convocado una conferencia política. Es verdad, pensará el lector poco avisado, pero esta verdad de Perogrullo, esta verdad antigua, se queda en la epidermis; no penetra el alcance despótico de la operación. El PSOE no necesita ninguna cadena propia para informar de su conferencia política ni de cualquier otro evento partidista. Le bastan y le sobran las cadenas gubernamentales y las del imperio mediático asociado, y las meramente serviles que no asociadas. Como hubiera dicho Maculan, the medium is the message: la televisión del PSOE era la conferencia política.

El espectáculo ha sido encantador (ya pueden espabilarse los responsables de los programas de la competencia). Como dice Miranda en La Tempestad de Shakespeare, en el parlamento evocado por Huxley: "¡Oh qué maravilla! ¡Cuántas criaturas amables hay aquí! ¡Cuán dichosa es la humanidad! ¡Oh mundo feliz, en el que vive gente así!". El plato fuerte ha sido la colaboración especial de la gran estrella "zapatera" Ségolène Royal. Oh, la, la, quel glamour el de la dama francesa, que es socialista sin dejar de ser real. Pero nuestras madamas no desentonaban. La vicevogue lució su encanto de conspicua institutriz y lindo modelo (en cuanto a vestimenta, su único problema es l’embarras du choix, que diría su invitada) y la señorita Alborch su natural encanto, siempre envuelto en mediterráneas risas. Faltaba la ministra de Sanidad, alguacil alguacilado, pues su imagen incita poderosamente a la anorexia.

Con tan seductoras y bien vestidas damas, quién no va a desear el triunfo del woman power socialista. Es verdad que en la historia ha habido algunas reinas, con frecuencia muy importantes en sus respectivos países: Isabel la Católica, Isabel de Inglaterra, Catalina de Rusia, etc. Pero unas eran carcas, otras feas, otras marimachos. Y en la contemporaneidad también ha habido mujeres presidentas o primer ministro: Indira Gandhi, Benazir Bhutto, Margaret Thatcher, Mary Robinson en Irlanda, y alguna otra señora que no recuerdo. Y aún hoy tenemos a Condoleeza Rice (que no es presidenta ni primer ministro, pero tiene más poder que algunas de ellas), a la fracasada Angela Merkel, a la triunfante Bachelet. Pero las asiáticas son poco conocidas aquí, y a las otras les falta glamour. Glamour y socialismo es lo que precisamos.

Y televisión y propaganda. La artista invitada a la gran gala de inauguración de la nueva cadena, Madame Royal, expresó su identificación con la política de igualdad de Zapatero y citó como ejemplo la "ley contra la violencia de género". Que yo haya percibido, limitó a esa política su concordancia con Zapatero. No dijo que compartiera la política de distribución territorial del poder de los socialistas españoles (o sea, la destrucción del Estado); no dijo que compartiera la política del Gobierno español (no la tiene) respecto de Europa; tampoco dijo que simpatizaba con su política internacional (el apoyo a las dictaduras "no alineadas"); ni siquiera apoyó la alianza de civilizaciones (la rendición ante el islamismo radical).

Hizo bien. El discurso en televisión no funciona. Pero, más allá de la propaganda, ¿tiene Zapatero una política de igualdad? Veamos la famosa ley contra la violencia de género. Cualquiera sabe que no ha sido más que la refundición en un texto legislativo único de medidas normativas ya existentes en el momento de su publicación. Cualquiera sabe, y esto es peor, que su eficacia ha sido nula, que la ley no ha contribuido a reducir en lo más mínimo la frecuencia y la gravedad de estos lamentables episodios. Y, más o menos, lo mismo podría decirse de todas las políticas y toda la gestión zapateril.

Ségolène se ha ido, pero, hélas, Zapatero y sus cadenas (de televisión) se han quedado. Y no parece que las queramos romper (las cadenas).

José Vilas Nogueira es profesor emérito de la Universidad de Santiago de Compostela

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