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Juan Carlos Girauta

Consejo de amigo

Una vez se ha conseguido que el PP defina su objetivo, es esencial que sus representantes eviten las mil trampas que les pondrá un amplísimo frente para apartar el foco de lo fundamental: estamos ante una cuestión de derechos.

Juan Carlos Girauta
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Ahora que por fin el PP se presenta a las elecciones con las ideas claras en lo tocante a derechos lingüísticos, sería una desgracia que se extraviara por discutir sobre lo secundario, que es justamente lo que ya está intentando el vario nacionalismo, con el PSC de Montilla y Ernest Maragall al frente.

Conviene comprender, para empezar, qué es lo principal y qué lo accesorio. Lo principal es reivindicar un derecho, así: denunciando que en Cataluña (y otras comunidades) se viola masiva y diariamente el derecho de los niños a ser educados en su lengua materna, derecho reconocido por la ONU; la Administración infringe sistemáticamente leyes y resoluciones judiciales y se incumple la obligación de preguntar a los padres la lengua de escolarización que desean para sus hijos. Hecha esta denuncia en los términos más claros e inequívocos, lo principal concluye con la consecuente exigencia de que se cumplan las leyes y sentencias vulneradas y de que se respeten los derechos violados. Exigencia que será apremiante y no admitirá componendas.

Lo accesorio, es decir, el terreno en el que el político popular no debería adentrarse cuando debate, incluye: las consecuencias que la inmersión pueda tener sobre la formación; el nivel de castellano que puedan tener los alumnos al terminar sus estudios; la necesidad o no de promocionar una lengua sobre otra; el contenido de la expresión "lengua propia"; el carácter científico o anticientífico de unos u otros modelos; si son muchos o pocos los padres que se oponen activamente al actual sistema. Son asuntos también importantes, pero hay que dejarlos a lingüistas, expertos y analistas.

Una vez se ha conseguido que el PP defina su objetivo, es esencial que sus representantes eviten las mil trampas que les pondrá un amplísimo frente para apartar el foco de lo fundamental: estamos ante una cuestión de derechos. Derechos humanos y constitucionales. Punto. La única ciencia que hace falta para discutir sobre esto es la ciencia jurídica. No se aparten de ahí y no se extraviarán. A los debates hay que ir bien comido, bien dormido, mejor leído y, si hiciera falta, con un complemento vitamínico. No vayamos a estropearlo ahora, con lo que ha costado llevarlo al programa.

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