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Juan Carlos Girauta

Dudosas virtudes cercenadas

El Gobierno como tal no tenía nada, apenas la palabra de Rodríguez y la constancia de sus cercenadas y laicas virtudes teologales: fe en sí mismo, esperanza en la ETA y falta de caridad para con las víctimas.

Juan Carlos Girauta
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Escandaliza a no pocos analistas que el Gobierno careciera de un plan B para la eventualidad de que fallara el "proceso", cuando lo asombroso es que no tuviera un plan A. En realidad, el Gobierno como tal no tenía nada, apenas la palabra de Rodríguez y la constancia de sus cercenadas y laicas virtudes teologales: fe en sí mismo, esperanza en la ETA y falta de caridad para con las víctimas.

El porqué de tanta fe en su propia "energía y determinación", renovada según nos dejó ver con el asesinato de dos personas –una vez superó la narcolepsia en Doñana–, es cosa que maravilla. El uso que ha de darles, misterio mayúsculo. Salvo que aceptemos de una vez por todas que Rodríguez está determinado a hacer de los etarras gente respetable, y que a ello aplicará toda su energía.

La esperanza en la ETA logró contagiársela a todo el gabinete, al partido entero y los palmeros de la prensa. Así pudo el marmóreo Rubalcaba reaccionar al atentado de Barajas exhibiendo su franca decepción: "no me esperaba esto". Se esperaba lo otro: que los asesinos no asesinaran. Ello tras convencerse de que las cartas de extorsión a empresarios no eran tales, o que eran anteriores a la gran esperanza, o que los destinatarios se las inventaban, o, ya a la desesperada, que venían redactadas con mucha educación.

A los ecuatorianos también los han matado con mucha educación, sosteniendo los criminales que la tregua no se ha roto. Va a ser un gran consuelo para los familiares. Una tregua compatible con el asesinato, la voladura de infraestructuras, el uso de centenares de kilos de explosivos renuentes, como en el 11-M, al análisis químico (¡hay que ver qué explosivos tan limpios se fabrican hoy en día!) constituye toda una demostración de los prodigios que el "proceso" opera sobre la realidad.

La explicación es que el proceso se autorregenera, como los seres vivos. Ahora está acabado y... ¡zas! ¡De inmediato reaparece, decidido y enérgico! Con las víctimas aún de cuerpo presente, los subordinados vascos del señor Rodríguez ya se estaban dando la lengua otra vez con la ETA. Que sí, que sí, que Batasuna es la ETA, el mismo sujeto según la Justicia. Por eso para negar la condición terrorista del interlocutor que les ha descubierto El Mundo, los socialistas tienen que pasarse primero las sentencias del Supremo por el arco del triunfo. Sin problema.

No hay pues plan B ni había antes plan A. Lo que hay es un proceso que se justifica en sí mismo, pues, como dice la muchachada mediática progre, ¿qué otra opción cabe? ¿Qué les parecería, por ejemplo, aplicar la ley? Por probar, más que nada.

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