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Juan Carlos Girauta

En Lepe nieva y en España hay justicia

Será condenable que un funcionario, temiendo el carpetazo de la Goma 2, informe a un periodista. Pero el hecho ni de lejos alcanza la importancia penal –y social, y política– de lo que el informante trataba de sustraer al olvido y a la impunidad.

Juan Carlos Girauta
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No sé si será conspiranoia, ya me dirán ustedes, pero tras leer detenidamente lo que publican los dos grandes diarios nacionales enfrentados, la impresión de que existe un acuerdo institucional transvesal y antidemocrático para que jamás se aclare el 11-M ha cobrado una entidad tangible, inevitable, desoladora.

El acuerdo liberticida no es necesariamente expreso ni propiamente institucional, claro está. Ni debería afectar a los valores del sistema. Para los suspicaces: la Justicia no se ha confabulado con la Policía para explotar su "montaje sobre montajes"a través de la Prensa. Aunque así podría entenderlo, al menos, un seguidor pulcro de la filosofía realista medieval, viendo cómo el juez que entiende del más grave asunto de la democracia enmaraña un caso de tráfico de drogas y explosivos con una revelación de secretos, lo agita y nos lo sirve frío.

Será condenable que un funcionario, temiendo el carpetazo de la Goma 2, informe a un periodista. Pero el hecho ni de lejos alcanza la importancia penal –y social, y política– de lo que el informante trataba de sustraer al olvido y a la impunidad. Van a llamar conspiranoia a la constatación de que un juez incompetente (un juez sin competencia, suspicaces) mezcle churras explosivas con merinas informantes.

Será locura señalar con el dedo al diario especialista en señalar dedos. Del GAL a hoy, El País ha trabajado con ahínco en el desprestigio de su competidor, permaneciendo ciego, cuando menos, ante crímenes de gobierno (GAL) o crímenes que el Gobierno no desea aclarar (11-M). Que lo califiquen como quieran, pero ahí están, expuestas, a la vista de todos, las conversaciones privadas de un periodista valiente. Pruebas de no se sabe qué, demuestran simplemente que el sistema no garantiza los derechos de quienes lo incomodan.

Aceptando un posible acierto diagnóstico de los gubernamentales, he canalizado el trastorno que quizá me aqueja. Recurro a Dalí y a su método paranoico-crítico: en un duermevela revelador he comprendido que la justicia en la España de Rodríguez es la nieve de Lepe. Una ilusión de quince minutos al día. Una simulación. Un "como si". Ni en Lepe nieva ni en España se aplican las leyes, pero nos vamos contentando.

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