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Juan Carlos Girauta

Falaces progres

Haga lo que haga la ETA, lance una bomba nuclear, proceda a un suicidio colectivo o se convierta en escuela budista, sus actos no son necesarios para juzgar los actos previos de un tercero, que es en este caso el Gobierno de España.

Juan Carlos Girauta
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La paz zapatera nunca ha existido, ni tampoco la tregua. Ahí están los muertos de Barajas. Fue sólo una idea (mala), una consigna, un mantra, un anzuelo para incautos. Desde la emisión del documento etarra, ya ni siquiera sirve como engaño.

A la nueva línea de actuación etarra había de seguir forzosamente la azorada reacción de los apaciguadores. Reacción que ya ha llegado, que ya nos persigue, que ya nos estomaga, que inunda los análisis paupérrimos de la prensa sectaria, que es casi toda.

Así, la disciplinada progresía ha arrancado a entonar en coro la más falaz y desesperada cantinela que recogen los nutridos anales de la propaganda liberticida en democracia. Su argumento único es este: la ruptura de la tregua desmiente a cuantos acusaban al presidente de haber cedido, de haber hecho concesiones la banda. (En su lógica, las treguas terroristas nunca se rompen si hay concesiones.)

Solemne majadería. Lo que confirma el comunicado de la ETA es todo lo contrario. Veamos por qué. En primer lugar, elucidar si ha habido o no concesiones es operación que no precisa inducirse de modo tan retorcido. Haga lo que haga la ETA, lance una bomba nuclear, proceda a un suicidio colectivo o se convierta en escuela budista, sus actos no son necesarios para juzgar los actos previos de un tercero, que es en este caso el Gobierno de España. Y el PSOE. Y sus aliados.

Las concesiones y renuncias están a la vista, no requieren juegos de espejos trucados: ¿Se ha podido presentar o no el entramado etarra a las elecciones municipales? ¿Ha recibido o no trato de favor el carnicero De Juana? ¿Ha podido o no actuar públicamente la organización terrorista Batasuna en ruedas de prensa, concentraciones y congresos? ¿Ha llegado a plantearse o no con normalidad el debate sobre la "territorialidad" y la "autodeterminación" (con esos u otros nombres)? ¿Adaptó o no la Fiscalía su actuación a las "nuevas condiciones"? ¿Habló o no habló Patxi López de comprender las razones del enemigo? ¿Dijo o no dijo el presidente de algunos terroristas que estaban por la paz? Por cierto, la respuesta afirmativa a las últimas preguntas indica una devastadora concesión moral: la legitimación del terrorismo como método para alcanzar objetivos políticos.

Las concesiones han existido pues. Y lo que demuestra el último comunicado etarra es lo contrario de lo que afirma el progrerío. Demuestra que el apaciguamiento, lejos de aplacar al terrorismo, lo refuerza. Demuestra que no cabe negociar nada con la ETA, porque es ilegal y porque sus mínimos "negociadores" no están en manos de ningún gobierno, ya que afectan a la unidad de España. Demuestra que los terroristas siempre interpretan las concesiones como signos de debilidad, como señales inequívocas de que hay que atacar con más fuerza. Que es justo lo que advertían el PP, la AVT y el pensamiento libre. ¿Vale, Marujita?

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