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Juan Carlos Girauta

Insensatos

Están perdiendo a marchas forzadas la dignidad en un formidable efecto dominó que lleva a personas hasta ayer serias a mirarse en el espejo de racistas orates de principios de siglo XX. Todo sea por manejar algún día el esquivo presupuesto.

Juan Carlos Girauta
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La Conferencia de Presidentes de la cosa regional española presenta un alarmante parecido con las pesadísimas y prescindibles cumbres iberoamericanas: fotos con el Rey, todos muy bien alineaditos, palabrería rimbombante, carencia de contenidos, fatal inutilidad. Ambos tipos de eventos, paralelos, se justifican mal. Vienen a decir con desgana que España, pese a todo, pervive hacia fuera en la memoria de otro continente y subsiste hacia dentro en sus engreídos fragmentos.

Un señor del PP, al frente de una peligrosa consejería autonómica, ha tenido la ocurrencia de chivarse a la Unión Europea de las infracciones de sus homólogos en el mosaico patrio. En un recurso que únicamente atañe a su luminosa y edificable Comunidad Valenciana, primero señala con el dedo a sus compatriotas y luego exige ser recibido por el comisario de Mercado Interior sin la presencia del representante del Reino de España. Ni a los consellers catalanes de Tierra Libre se les había ocurrido una jugada semejante. Pues si así está el PP, cómo estará el resto.

España acoge una colección multicolor de clases políticas locales que se creen exclusivas y que son clónicas. Se han lanzado a una loca carrera por negar la única Nación que los justifica a ellos y a sus sueldos afirmando torticeras realidades nacionales. Están perdiendo a marchas forzadas la dignidad en un formidable efecto dominó que lleva a personas hasta ayer serias a mirarse en el espejo de racistas orates de principios de siglo XX. Todo sea por manejar algún día el esquivo presupuesto, todo sea por la pasta. Y encima ni la tocarán.

Las cosas se han puesto demasiado graves como para aferrarse a tonterías de mi partidillo y tu partidillo. La desafección a España la han sembrado los unos y los otros con políticas educativas e informativas a la medida de su cortedad aldeana. De los muertos de Barajas a la pelea por una tercera hora de castellano, de las manifestaciones unitarias contra las víctimas a las traiciones estatutarias, todo es un solo espectro, en todos los sentidos del término, de desaliento, renuncia, fracaso y mezquindad. Y lo que es peor, ridícula horterada. Como esa Conferencia de presidentes que posan de puntillas junto al Monarca mientras la Nación se cae a pedazos.

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