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Juan Carlos Girauta

La orgía

Se lo está pasando de miedo. Qué inolvidables escenas. Le azota el sultán, le casca el president, le arrea Bush, le abrazan Chávez y Castro en los oscuros dominios del ron y el oro negro.

Juan Carlos Girauta
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España vive “un momento dulce” con Marruecos y yo me congratulo, a la vez que empiezo a explicármelo todo: al gobierno le va la marcha, es masoca. Tras largos preámbulos galanes del muslime, de la pesca a las prospecciones petrolíferas, del mapa zapateril de las Canarias al desembarco pateril del Estrecho, del salto de altura melillense a esa forma morbosa de cooperación que consiste en negarse a todo: -Sufre un poco más. -Oh, sí, sí, pero insúltame otra vez.
 
Lo que tiene que enloquecer a los miembros de la asociación de amigos de Sacher-Masoch que gobierna España es lo del estatut. -¡Cállate, que te voy a decir lo que tú eres, un sucio Estado federal! -Ah, sí, sí, y tú eres mi amo, dame fuerte. Pero ojo, estas inclinaciones hay que controlarlas un poco; unos encapuchados con hachas y serpientes se disponen a decorar la Moncloa como una mazmorra. Si todo está pactado, negociado, se puede dejar correr la imaginación. Ahí está Peces-Barba, gran liberal, recordando que “el Derecho no puede ser coartada”. Lo que habrá sufrido el afamado jurista para acabar concluyendo ¡que el Derecho no puede ser coartada! Todo sea por darle gusto a Zapatero. La fiesta de los profesionales de la capucha puede que sea ilegal, pero caramba, estamos entre adultos que han acordado los límites de su relación, nadie debería meterse, mirar, juzgar.
 
Lo estatutario tiene momentos picantones. Su preámbulo, nunca mejor dicho, es un formidable ejercicio de calentamiento para el leonés leonino (ventajoso para una sola de las partes): -¡Agáchate! “Mueve este Estatuto la aspiración, el proyecto y el sueño de una Cataluña sin ningún tipo de obstáculos (¡Eso, eso, fuera los obstáculos! –gime el otro) a la libre y plena interdependencia.” -¿Por qué interdependencia? Di ya la palabra, Pasqual, que me tienes al límite, dila ya: ¡independencia! –Eso lo diré cuando yo quiera –Ahhh!, que dulce tortura.
 
Se lo está pasando de miedo. Qué inolvidables escenas. Le azota el sultán, le casca el president, le arrea Bush, le abrazan Chávez y Castro en los oscuros dominios del ron y el oro negro. Y en el paroxismo, los de la capucha al fondo, con Peces-Barba gestionando el fin del Derecho, esa coartada. Goce, goce, que el mundo se acaba. En catalán lo decimos de otra forma.

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