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Juan Carlos Girauta

La presunta estrategia antiterrorista

Ya dijo Rodríguez que De Juana estaba por la paz. Halago que compaginó con el empeño en descabezar, desarticular, neutralizar, ahogar financieramente y criminalizar a las víctimas del terrorismo.

Juan Carlos Girauta
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Los socios de gobierno de Montilla y Hereu, que lo son de Rodríguez en el Parlamento, han defendido el chantaje al Estado del carnicero De Juana como una causa humanitaria. Lo que es peor, una vez frustrados por el Pleno de la Audiencia, toman al que mató a veinticinco personas, al que jamás se ha arrepentido, al que ha proferido graves amenazas contra funcionarios de prisiones, y lo comparan –con ventaja para el terrorista– con un comunicador que les molesta. Piden, para este sí, que actúe la justicia. Por sembrar el odio.

Mientras tanto, Gara destaca –pone en la diana– los nombres y fotografías de los magistrados que votaron contra el criterio de la ETA. Que era, por cierto, el de ERC, PNV e IU. Que era, por cierto, el de la fiscalía, es decir, el del Gobierno, es decir, el del PSOE. Ya dijo Rodríguez que De Juana estaba por la paz. Halago que compaginó con el empeño en descabezar, desarticular, neutralizar, ahogar financieramente y criminalizar a las víctimas del terrorismo.

Dicen que el entorno de Rodríguez, ante las previsibles consecuencias electorales de la omnipresencia etarra en el debate público –es decir, ante el riesgo de perder pronto cargos y sueldos–, le recomiendan encarecidamente que se centre en más gratos asuntos: economía, políticas sociales y tal. ¿Han comprendido antes que su jefe el fracaso de la no-estrategia de negociación?

No. No han comprendido nada. No han comprendido que, por absurdo que parezca, el presidente ha querido, y sigue queriendo, ligar su futuro a la ETA. ¿Por qué? Bien, las razones no son de fácil escrutinio. Tratando de penetrar la lógica zapaterina, podrían tener que ver con la mezcla de varios factores: adanismo, arrogante desatención a asesores especializados y a experiencias pasadas, complicidad asegurada del vario nacionalismo periférico con el fin de cerrar el paso de por vida al Partido Popular (salvo que gane por mayoría absoluta, y ya veremos que pasaría en tal caso con los mensajes de móvil, las calles y la gente del cine). Y por fin, como razón crucial, utilización de las concesiones derivadas de la negociación para precipitar el verdadero programa de Rodríguez: el cambio de régimen.

Sólo esta mezcla de razones, o alguna muy parecida, explica que el Gobierno hiera la sensibilidad de toda la derecha y de gran parte de la izquierda amortizando en cuatro días a las víctimas de Barajas y enviando a los terroristas el mensaje de que pueden seguir matando sin que él modifique lo más mínimo una estrategia que no merece el nombre de antiterrorista.

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