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Juan Carlos Girauta

¡Preparados, listos!

Si se topa usted, amigo, con fascistas conspicuos en las manifestaciones de viernes y sábado, no olvide darles recuerdos para Blanco y Rubalcaba, sus mandantes.

Juan Carlos Girauta
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Nadie va a poder evitar que el PSOE envíe a la Gran Manifa alguna piara subcontratada. Extrema izquierda que se hará pasar por una colección de devotos marianistas de extrema derecha. Sólo pueden venir de Ferraz. El grupo a simular no existe ni ha existido nunca en el mundo real; lo debemos a la fértil imaginación de la progresía de Cueto, que acuñó también la voz “ciberfachas” para referirse a los que aquí escribimos. ¡Cuántas ideítas, Cueto, cuánta creatividad malograda! Ondearán los farsantes banderas inoportunas, brazo en alto y cantando el Cara al sol: “¡Miren, miren, señores periodistas, fíjense bien, somos fascistas del PP! ¡Aquí, fotógrafo, aquí!”

Tampoco habrá modo de impedir que se reedite la más cansina injusticia de la prensa doméstica y domesticada, consecuencia de un exceso de bilis, de una carencia de lecturas o de una inmersión sectaria de aquí te espero. O de todo a la vez. Hablo de la omnipresencia de los comediantes de Blanco en las ilustraciones, compartiendo página con cronistas y columnistas programados. Esos que, sin importar lo que tengan delante, sólo ven abrigos de visón, pradas y guccis.

No sólo las becarias padecen ese grave sesgo perceptivo, querido Arcadi. El mal aqueja a redacciones enteras, corresponsalías, sección gráfica, máquinas, colaboradores externos, consejo editorial y firmas invitadas. Lo que le pasa al periodismo de aquí con “la derecha” habría interesado enormemente a la Gestalt.

– ¿Qué ve usted, señor periodista? – preguntaría el circunspecto psicólogo alemán sujetándose las gafas sin montura con el dedo índice sobre la nariz. Y mostraría la fotografía de unos muchachos normales y corrientes, sin identificación de clase social, sentados en el suelo frente al ministerio del Interior, entre velas encendidas y fotocopias de un retrato de Miguel Ángel Blanco.
– Veo un grupo exclusivísimo de pijos. Ostentan de su posición. Visten marcas de lujo. Son gente despectiva e insolidaria. Merecen un escarmiento, espero que la policía los haya dispersado.
– ¡En efecto, lo ha hecho! – constataría asombrado el alemán.

Y la psicología de la percepción venga a avanzar, y la credibilidad de la prensa española y la imparcialidad de la policía de Rubalcaba, como Tom Waits: Going down, down, down. Concluyo: si se topa usted, amigo, con fascistas conspicuos en las manifestaciones de viernes y sábado, no olvide darles recuerdos para Blanco y Rubalcaba, sus mandantes.

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