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Juan Carlos Girauta

Progres

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Fidel Castro les cae simpatiquísimo, y cuando encarcela poetas o firma sentencias de muerte buscan dulces palabras de desaprobación, una censura breve para salir del paso. Nada que vaya a echar por tierra los mitos juveniles con los que aprendieron a evitar la reflexión. Nunca traicionarán el icono del Ché. Ignorarán las torturas y los fusilamientos, que habrán de amontonarse en el olvido. ¿Cómo iban a seguir, si no, haciendo de vez en cuando turismo caribeño? ¿Cómo volver a convencerse de que pueden seducir a mujeres menores que sus hijas?
 
De Irak nada sabían, más allá de la guerra por Kuwait. Los kurdos gaseados, sabe Dios. Un tirano demente y sanguinario, un carnicero... Claro, a ver si cae. Si es que pasan unas cosas en el mundo. Justo hasta que decide derrocarlo el único que puede hacerlo. Entonces vengan velitas encendidas, ira barata y fragor de cacerolas. Me dicen que se dice que los americanos les vendían las armas. Y a gritar y a llorar por un pueblo que no localizaban en el mapa. Precisamente cuando va a ser liberado. Si además es Aznar el que se suma, los gritos de “asesino” retumbarán por siempre en sus oídos. Cuando conste que el pueblo irakí desea la presencia americana, que la izquierda local no entiende el pacifismo criminal de los camaradas europeos, se hará el silencio. No es plan de fastidiar la propaganda.
 
Que la antuviada en Mesopotamia haya surtido benéficos efectos en Libia, mejor no comentarlo. Que se detenga en Siria la ayuda al terrorismo, que Irán se lo haya de pensar antes de hacer una tontería, son opiniones. Todo esto es demasiado complicado. Lo mejor es recurrir a lo de siempre. Pero siempre, siempre: la culpa de todo la tienen los judíos, que manejan la banca, que controlan la Casa Blanca. ¿Sabías que en las torres gemelas no había ni un judío? Una kefiya al cuello y a revolcarse sobre el atavismo. Caiga toda la culpa sobre Israel. No sobre su gobierno, no sobre una política concreta. Sobre Israel, como siempre. Su visión selectiva borrará las explosiones en autobuses y restaurantes. Su afición a lo falso inventará un holocausto inverso en Jenín. ¿No lo ha dicho Saramago, que es Premio Nobel? Pues será que es verdad. Las brigadas de los mártires de Arafat se esfumarán por inoportunas. Como la apropiación de los solidarios fondos europeos. Eso sí, antisemitas hasta la médula, acusarán de antisemita a Mel Gibson. A veces se hacen un lío.
 
La realidad es violentada sin descanso para que quepa en la estrechez de sus prejuicios u ocupe sin lagunas su vasta ignorancia. El progre es un sujeto satisfecho con su ideología de pacotilla, sus lecturas que decrecen con los años (de la escasez a la nada), su paranoia conspiratoria, su anomia, su alegre convicción de estar siempre más legitimado que el contrario. Proceden de donde procedemos casi todos, de la comodidad de las doctrinas omniexplicativas, sólo que ellos las suscribieron de por vida. Y a esa renuncia al pensamiento libre y crítico le llaman compromiso.

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