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Juan Carlos Girauta

¡Tiembla, Corea!

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Demasiados ridículos en un mes. Por si no bastara con las muestras de improvisación, nepotismo, desprecio al marco institucional, agravios a otras comunidades, falta de coherencia entre departamentos, oscurantismo, visión sectaria de la sociedad, afán manipulador, discriminación por razón de lengua o de opción política y gusto por la ingeniería social, el gobierno de la Generalidad acaba de rizar el rizo llamando al boicot comercial a una multinacional.
 
El mejorable Rañé, conseller de Trabajo e Industria, azote de Samsung y temor de Corea, puede que simplemente haya tenido un calentón: “¡agarradme, ujieres, que me pierdo!”. Quizá la varia jerarquía del Palau no acabe de aprobar el uso del ladrido como la forma más eficaz de enfrentarse a la imparable transferencia de los procesos industriales a los países con menores costes laborales  (pero pareja cualificación, cuando menos, de la mano de obra). ¿Ha oído hablar Rañé de la paulatina especialización del “primer mundo” en los procesos que concentran mayor creación de valor, es decir, los que no tienen lugar en una planta sino en estudios y despachos, frente a ordenadores, no frente a cadenas de montaje?
 
La terciarización de nuestras economías no es algo que debamos lamentar sino todo lo contrario. Otra cosa es que toda transformación en la estructura económica lleve aparejadas muchas situaciones de temor ante la incertidumbre, algo descontado por los millones de autónomos que no hemos conocido más que la incertidumbre en nuestra vida. Pero si ha existido un contexto en el que la reasignación de los recursos humanos pueda conllevar rápidas mejoras individuales y colectivas, ese contexto es el de la España de principios del siglo XXI. Un país lo bastante dinámico para culminar con éxito ese proceso que tanto cuesta entender. Escribe Peter Drucker: "Les resulta sencillamente incomprensible que la producción industrial aumente mientras los puestos de trabajo disminuyen, y no sólo a los sindicalistas, sino también a los políticos, periodistas, economistas y al público en general (...) Les resulta enormemente difícil aceptar que, por primera vez en la historia, la sociedad y la economía ya no están dominadas por el trabajo manual y que un país puede alimentarse, alojarse y vestirse con sólo una pequeña minoría de su población ocupada en ese trabajo." (La empresa en la sociedad que viene, 2002).
 
Que socialistas y comunistas no entiendan esto no es una novedad. Lo sabe cualquiera que haya ojeado los informes que perpetran, y que sostienen, por ejemplo, que Cataluña sólo podrá crear más empleo en el sector industrial. Pero una cosa es equivocarse, o no haber vuelto a abrir un libro desde que superaron el último examen de sus improbables carreras, y otra enfrentarse a los hechos con estúpidas, contraproducentes e increíbles bravuconadas.

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