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Juan Carlos Girauta

Un Gobierno perdido e inútil

Ha sido decir Rubalcaba que no iba a haber problemas de abastecimiento y que no iba a faltar suministro energético... y quedarse sin combustible la mitad de las gasolineras de Cataluña.

Juan Carlos Girauta
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Ha sido decir Rubalcaba que no iba a haber problemas de abastecimiento y que no iba a faltar suministro energético... y quedarse sin combustible la mitad de las gasolineras de Cataluña. De momento. No está claro por qué habrán soltado a Rubalcaba a dar la cara en este asunto; quizá porque se quiere presentar como un problema de orden público, algo que existe, sin duda, pero que es sólo una de las caras de un poliedro diabólico. Si se para el transporte se para la economía, así de simple.

El ministro del Interior se atiene a la estrategia zapaterina, a medio camino entre el optimismo borderline y el dontancredismo, actitud de profunda raigambre en la izquierda española cuando la eficacia de la palabrería se agota y hay que ponerse a gestionar. Sus declaraciones voluntaristas sólo sirven para poner en evidencia la absoluta falta de criterio, modelos, propuestas y soluciones del Gobierno. Desde que se coló por un micrófono la confidencia a Lara, tenemos una idea fiel de cómo entiende el presidente el funcionamiento de la economía y el papel del Ejecutivo ante las crisis. Se concibe a sí mismo Zapatero como una especie de animador de fiestas: ¡Que no decaiga! (O más bien: ¿Cómo están ustedeeees...?)

Ya el somnoliento Solbes nos mintió flagrantemente en cuanto a las previsiones. Tómese esta acusación como un elogio; me resisto a creer que no conociera los análisis que ya antes de las elecciones manejaban los observadores económicos más serios. "Razonablemente bien" fue el mantra del gran economista, que no tuvo la dignidad de renunciar al cargo al constatarse que su jefe ignoraba sistemáticamente todos sus consejos, la inconveniencia del cheque bebé y los 400 euros, el tsunami financiero autonómico, etc.

En esa misma línea, que cabría calificar de hipnótica, pues confía en que la gente adecuará su conducta y sus decisiones económicas al estado de ánimo que sus gobernantes sean capaces de inducir con la sola fuerza de su poder de convicción, a la ministra de la Vivienda se le ocurrió soltar que estábamos en el mejor momento para comprar piso unas horas antes de que el Euribor marcara record histórico. Al alza, claro. Sólo si el record hubiera sido a la baja habría tenido algún sentido la intervención de Corredor, que se ha lucido.

La realidad enoja a los prestidigitadores, necesitados de sombras y espacios acotados donde operar sus prodigios. El euro nos exime de los experimentos monetarios que Zapatero, dueño y señor de todas las políticas de su Gobierno, forzaría. Trichet seguirá haciendo su trabajo por mucho que le amoneste el presidente español, que ya ves tú lo que le importa a Jean-Claude. Y ni el mejor hipnólogo del mundo (Zapatero es bueno, pero no tanto) nos convencerá de que en el plato hay pescado cuando no lo hay o de que el depósito del coche está lleno cuando no lo está. Es lo que tiene la realidad.

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