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Juan Carlos Girauta

Zapatero suelta lastre

Lo que nadie le puede negar a Zapatero es un agudo sentido de lo electoral, y a unos días de dos comicios, Bermejo había dejado de ser el agitador que levantaba a la militancia de sus asientos para convertirse en un lastre, un agujero negro de votos.

Juan Carlos Girauta
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La semana pasada, el Gobierno en pleno despejó el banco azul plantando a Bermejo, que dejaba de formar parte del Gabinete sin necesidad de motorista, por la vía del castigo parlamentario y la tortura fotográfica. Mientras eso le hacían al ministro de Justicia sus compañeros del Ejecutivo, tratándolo como al delantero enemigo al que se deja fuera de juego abandonando de súbito y en bloque los aledaños de la propia portería, una turba de hooligans con carné de diputado (y de socialista) cuyas caritas me gustaría ver ahora hacían el ridículo jaleando al cesante: "¡Torero, torero!". Enésima prueba de lo muy enterados que están siempre los miembros del legislativo de lo que hay y se cuece. La soledad en el banco azul ya exhibía a un ex ministro, y la clac, roma y obtusa, sin comprender, sin discernir. Al final a quien se van a parecer las muñecas japonesas de silicona es a los diputados socialistas. Qué ridículo.

Lo afirmé reiteradamente en la COPE el jueves y el viernes pasados: "Lo de Bermejo es cuestión de días; la semana que viene (por esta) caerá". No soy adivino, pero creo haber comprendido el palo de Zapatero, que consiste en que cada ídem aguante su vela, y todos juntos la del presidente. Cuando ha sostenido contra viento y marea a un ministro, véase la de Fomento, ha sido por vanidad: ¿cómo va él a equivocarse? Pero lo que nadie le puede negar a Zapatero es un agudo sentido de lo electoral, y a unos días de dos comicios, Bermejo había dejado de ser el agitador que levantaba a la militancia de sus asientos, el ácido actor al que se rifaban en todas las provincias como garantía de éxito mitinero, para convertirse en un lastre, un agujero negro de votos, una incomodidad en las comparecencias de De la Vega, un horror estético de ciervos vulnerados, un error ético de sobres con billetes de quinientos euros y una aberración política de encuentros en la tercera fase (la de destrucción de la oposición vía muerte civil de sus cargos) con Garzón. Las miradas se centran ahora en el juez socialista, que podría aprovechar fecha tan indicada como el 23-F para hacerle un favor definitivo a la democracia. Ánimo.

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