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Juan Gutiérrez Alonso

La Superliga, un intento de liberación en el fútbol europeo

Es una excelente noticia. Supone un 'jaque' a las estructuras y ataduras corporativas y sus dictados, pero también un mensaje a las interferencias políticas en el fútbol.

Juan Gutiérrez Alonso
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Es una excelente noticia. Supone un 'jaque' a las estructuras y ataduras corporativas y sus dictados, pero también un mensaje a las interferencias políticas en el fútbol.
Florentino Pérez, uno de los principales impulsores de la Superliga europea. | Cordon Press

El anuncio de la Superliga ha provocado reacciones airadas, comunicados, reproches y amenazas propias de organizaciones mafiosas, y, en definitiva, críticas muy similares a las que frecuentemente encontramos en el populismo bolivariano. Estas reacciones deberían ser suficiente para entender que la propuesta es adecuada y felicitar a sus promotores. Algunos silencios siguen siendo no obstante inquietantes, pero todo tiene una explicación. Las quejas de los comentaristas y directivos de determinadas empresas audiovisuales que ven peligrar su posición, los comentarios de dirigentes políticos recurriendo a los instintos más bajos, así como la callada de quienes no esperaban el órdago, tienen su explicación. Todo en el fútbol, y en el deporte en general, suele tener una explicación.

En cualquier caso, la iniciativa de estos clubes es una excelente noticia por diversos motivos. Supone, en efecto, un intento de liberación y un ‘jaque’ a las estructuras y ataduras corporativas y sus dictados, pero también un mensaje a las interferencias políticas en el mercado del fútbol. La Superliga supone un paso legítimo que, por mucho que disguste a algunos, tiene cobertura jurídica en los ordenamientos nacionales y también en el europeo. Ya veremos qué sucede con las amenazas de las ligas y federaciones nacionales, pues precedentes con relación a sus comportamientos tiránicos existen, así que resultan del todo impresentables algunas declaraciones que hemos leído en las últimas horas. Entre ellos la del vicepresidente de la Comisión Europea, Margaritis Schinas, recurriendo ni más no menos que a “los valores del modelo deportivo europeo” (¿?) para desacreditar y censurar la propuesta.

El trasfondo de la Superliga todos sabemos que es de carácter económico, pero este movimiento representa también una reivindicación de la autonomía y papel de los clubes que más contribuyen a una actividad deportiva, pero que también es económica. “Ya no sabemos qué pesa más en esta ecuación del fútbol, si el deporte o el aspecto empresarial”, me dijo una vez Jorge Valdano en Cádiz. Destacar una variable e intentar ignorar la otra es algo absurdo y hacen bien en no esconderse quienes mejor conocen la situación del fútbol.

La iniciativa de estos clubes, como ha podido verse en escasas horas, supone un test importantísimo para todo el sistema futbolístico, como ya sucedió con el baloncesto, y aunque debería imponerse el sentido común, que es el menos común de los sentidos, veremos hasta dónde llega el corporativismo, el chauvinismo francés y alemán, así como la injerencia política que apunta de alguna manera al status de sus gerifaltes y a intereses cruzados de todo tipo.  

Hay una variable que suele olvidarse. Las corporaciones de Derecho privado como la Liga, la UEFA o la FIFA, que funcionan como “gobierno” del fútbol sufren los males de todo gobierno, hay asuntos económicos, intereses y cuestiones de todo tipo con las que lidiar cotidianamente, y también se suceden afectos y desafectos personales. En una colectividad con intereses comunes, la que sea, los afectos, como los intereses y necesidades comunes, hay que cuidarlos, porque si no lo haces, un buen día te encuentras con una sublevación. Nadie debe ignorar a este respecto el evidente distanciamiento personal entre quienes han llegado a determinados puestos en el gobierno del fútbol; es decir, Liga, UEFA, FIFA o RFEF, sin grandes méritos ni talento, sin tener siquiera grandes dotes ni capacidad de trabajo, y sin embargo se han permitido ningunear y despreciar, en público y en privado, a quienes, con su trabajo, esfuerzo, recursos y talento, han hecho posible un cierto nivel de sus clubes y de las competiciones de las que todos consiguen beneficio. Hoy, gracias a este invento de la Superliga, cada uno se ha puesto en su sitio.

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