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El paramilitarismo bolivariano

Ahora se habla del ejército bolivariano: una fuerza paramilitar que terminará siendo una guerrilla transnacional dedicada al crimen organizado; fuerzas paramilitares creadas por el Gobierno de Venezuela sobre las que nadie dice nada.

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Desde diciembre de 2007, el presidente Hugo Chávez anunció las "bondades" de crear una fuerza armada especial dentro de Venezuela para proteger al Estado de una posible agresión extranjera. La idea de armar a miles de ciudadanos venezolanos no sólo amenaza el monopolio de las armas que debe tener el Estado, sino que pone en grave riesgo la seguridad ciudadana, dentro y fuera de Venezuela. A las cosas hay que llamarlas por su nombre: las milicias bolivarianas son un ejército paramilitar, creado por el presidente Chávez para protegerlo ante una eventual traición de sus Fuerzas Militares.

Lo más grave de este proyecto es que no se queda dentro de las fronteras venezolanas. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) también llaman a sus milicias con el mismo nombre: bolivarianas. Y, junto con Bolivia, Ecuador y Nicaragua, empiezan a hablar de un ejército bolivariano defensor del pueblo oprimido, que rescate a los menos favorecidos de las temibles garras del imperio y de la oligarquía. En Colombia se llaman guerrillas; en Venezuela, ahora, deben entenderse como una fuerza paramilitar de ultra izquierda, dispuesta a irrespetar el ordenamiento democrático cuando el "Comandante Rojo" lo estime conveniente. Esto va a conducir a Venezuela y a toda la región a un problema de dimensiones inimaginables. ¿Que pasará cuando el dictador venezolano pierda el poder por una u otra razón? La respuesta es muy sencilla: Chávez en la oposición significaría la amenaza inminente de una guerrilla revolucionaria, nutrida con fondos del Estado, armada hasta los dientes para acabar con las reglas del juego democrático si fuere necesario. El resultado final: un golpe de estado bolivariano, que retome el poder por las vías de hecho y le permita al líder populista perpetuarse en el mando.

Es incomprensible la falta de atención de la comunidad internacional sobre este punto. Los petrodólares venezolanos están financiando la creación de un grupo armado que será desastroso para toda la región. Los vínculos del gobierno venezolano con las FARC no son un secreto para nadie. La complacencia de los líderes ecuatorianos y bolivianos con el grupo narcoterrorista FARC son evidentes. El presidente nicaragüense no tiene ningún problema en asilar terroristas de las FARC, a quienes llama "hermanos revolucionarios". Sus territorios se han convertido en área de descanso y avituallamiento para terroristas y narcotraficantes. Los tentáculos de Chávez se extienden por toda la región.

Ahora es posible afirmar que el líder venezolano es un dictador paramilitar. Un dictador que llegó al poder a través de un proceso democrático, pero que poco a poco ha empezado a mostrar sus verdaderos intereses: reprimir la libertad de expresión; deslegitimar y boicotear a los líderes de la oposición mediante inhabilidades fundadas en falsas imputaciones; irrespetar y expulsar del país a todo aquel que no apoye al régimen; comprar conciencias por todas partes con el dinero del Estado; engañar a la opinión pública con la falsa amenaza del imperio capitalista; atacar la propiedad privada y amenazar la seguridad jurídica para la inversión extranjera.

Si a todo esto agregamos las nuevas alianzas militares que está creando el dirigente venezolano con países como Rusia e Irán, la situación es incluso más preocupante. Durante este año han sido muchas las visitas que ha realizado Chávez a estos dos países. De la noche a la mañana nos hemos encontrado con una multiplicidad de vuelos iraníes entre Teherán y Caracas que, según algunos entendidos, no transportan turistas, sino armamento. Se ha especulado sobre la presencia de misiles iraníes en territorio venezolano. Hace pocas semanas el mundo entero observó la visita de aviones rusos a Venezuela para desarrollar prácticas militares conjuntas entre los dos Estados. Próximamente llegará una flota de barcos rusos a Venezuela con el mismo fin. ¿Casualidad? La oportunidad que han encontrado los rusos al tener un aliado ubicado tan cerca de los Estados Unidos, empieza a dejar ver unos efectos terribles. Muchos hablan del comienzo de una nueva Guerra Fría, pero quizá esto vaya más allá.

Si, por un lado, se tiene en cuenta la incomodidad que siente Rusia por la presencia norteamericana en Europa del Este, a raíz del proyecto de crear una barrera antimisiles que defienda a Europa de un eventual ataque proveniente de oriente medio y, por otro, debido al apoyo que los Estados unidos dieron a Georgia durante la reciente guerra con Rusia, no es difícil imaginar la gran oportunidad que encuentran los soviéticos al contar con un aliado tan cercano geográficamente a su legendario enemigo. El ofrecimiento de Rusia a Venezuela para que desarrolle energía nuclear con fines "pacíficos" genera muchas dudas e inquietudes. No se necesita ser un genio para prever los verdaderos intereses.

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la antigua Unión Soviética empezó a financiar movimientos guerrilleros en Latinoamérica con el fin de extender su presencia en una región lejana a sus fronteras pero muy cercana a los Estados Unidos. Desde el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, fueron muchos los apoyos que venían de la URSS para financiar y apoyar la ideología comunista. Las guerrillas centroamericanas fueron auspiciadas, a su vez, por la misma Cuba, desde donde se proyectaba la estrategia de difusión ideológica soviética. Por esa misma época también se pudo ver el apoyo que recibían las nacientes guerrillas colombianas por parte del gigante comunista, que empezaron a proliferar bajo la falsa idea de la amenaza imperialista y lograron calar tanto en las sociedades latinoamericanas que hoy en día se han convertido en su gran lastre.

Desde la caída del muro de Berlín en 1989, la amenaza comunista se mantuvo latente pero congelada. Ahora que Rusia ha empezado a dar un viraje hacia el sistema de economía de mercado, luego de asimilar el fracaso evidente del socialismo, la amenaza militar despierta de su hibernación. La potencia económica y militar de Rusia es tan innegable como su deseo de volver a convertirse en un contrapeso de poder mundial y para ello está dispuesta a todo.

El panorama suramericano está siendo seriamente amenazado. El avance del "Socialismo del Siglo XXI" en muchos de los países de la región revive una ideología que fue catastrófica para Europa y Asia en el siglo XX. Una ideología política que dejó millones de muertos y heridas muy profundas que no han logrado sanar. El estatismo revolucionario empieza a contaminar a países como Bolivia y Ecuador, que han sabido seguir al pie de la letra el camino marcado por Venezuela. Ahora se habla del ejército bolivariano: una fuerza paramilitar que terminará siendo una guerrilla transnacional dedicada al crimen organizado; fuerzas paramilitares creadas por el Gobierno de Venezuela sobre las que nadie dice nada; prácticas de guerra, alianzas militares con Rusia e Irán, ventas millonarias de armamento y ofertas de tecnología nuclear son los hechos que amenazan hoy a Latinoamérica. ¿Que pasará? Esto apenas está comenzando.

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