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Beguiristain, a "tijeretazo" limpio

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El sábado pasado tuve la ocasión de hablar con el nuevo secretario técnico del Fútbol Club Barcelona, Txiqui Beguiristain. Un culé que oyó la entrevista me dijo luego que sus respuestas le parecieron tristes pero sensatas. A mí también. Me pareció que lo que decía la mano derecha de Joan Laporta en el asunto deportivo era como para echarse a llorar pero que tenía que ser una directiva renovada la que cogiera el toro por los cuernos. Este morlaco en cuestión tiene unos pitones enormes y no convendría recibirle a "portagayola" porque no está la tarde para muchas fiestas. Me entristeció lo que dijo Beguiristain y, al oírle, tengo que reconocer que me hice un poco del Barcelona. Cuando Txiqui, uno de los máximos responsables de uno de los clubes de fútbol más grandes del mundo, dijo con templanza que ellos no podrían competir en algunos años ni con Real Madrid ni con Manchester United he de reconocer que me dio un poco de pena.

Inmediatamente pensé en Joan Gaspart. Sé que el ex presidente representa el pasado más turbio del club y que, gracias a Dios, ya no volverá jamás, pero me resultó inevitable pensar en él y en lo indefensa que, durante tres largos años, se encontró una institución tan impresionante como esa. El Barcelona no tuvo a su alcance un sistema de defensa efectivo que expulsara a aquella junta tan esperpéntica, igualmente capaz de justificar el acto de un vandálico que lanza la cabeza de un cochinillo al cesped del Nou Camp como de volver a contratar a un entrenador tan desastroso como Van Gaal.

¿Y ahora qué? Lo que dice Beguiristain me recuerda mucho a lo que repite incansablemente Lolo Sainz, lo que ocurre es que no significa lo mismo el equipo de fútbol del Barcelona que la plantilla de baloncesto del Real Madrid. Beguiristain pide un plazo de dos o tres años para ordenar la casa, aunque eso no quiera decir que no estén en condiciones de formar un equipo competitivo. La economía va a marcar el futuro del club y por ello ya están pasando por "taquilla" un montón de jugadores. De Boer, por ejemplo, no seguirá, e idéntico camino van a seguir Riquelme (¡qué pena de jugador!) y Sorín. Motta podría formar parte de la operación de Aimar o Ayala y a Kluivert ya le han pedido que rebaje su ficha. Ningún futbolista quedará libre de las tijeras de Beguiristain e incluso Puyol –el nuevo Migueli culé– ya ha recibido la llamada del club con el objetivo de que se apriete el cinturón. No será ni tan fácil ni tan rápido como pensaba Laporta, pero al menos será. El Barcelona, al fin, camina hacia algún sitio definido. Ya no es el camarote de los hermanos Marx.


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