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El sueño ciclista del nuevo "caníbal"

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A Lance Armstrong le quieren tirar de la bicicleta. Es lo que yo conozco como el "síndrome Hugh Hefner"... ¿Quién no querría vivir las veinticuatro horas del día rodeado de unas mujeres de auténtico infarto?... Pero el caso es que sólo a una persona en todo el mundo, el individuo que pone nombre al síndrome, se le ocurrió la idea de publicar la revista "Play Boy"... ¿Quién no soñaría con ganar seis Tours de Francia consecutivos, superando así todos los récords habidos y por haber, y estando además en clara disposición de obtener el séptimo e incluso el octavo?... Pero el caso es que ahora mismo sólo hay uno, el referido deportista estadounidense, que pueda materializar ese increíble sueño ciclista.
 
A Armstrong le quieren tirar de la bicicleta por varios motivos, no siendo el menos relevante de todos ellos su lugar de nacimiento. El líder del US Postal está mostrándose vergonzosamente superior al resto de ciclistas en un deporte dominado tradicionalmente por los europeos. Es más, los gregarios del americano están también más fuertes que los teóricos números uno de la carretera, situación ésta que puede comprometer publicitariamente al resto de equipos participantes. Llegará un día en que lo primero que pregunten, mucho antes de colocar la pasta sobre la mesa, los "dantes" de "Lotto", "Phonak", "CSC" o "Cofidis" será lo siguiente: "¿En su equipo corre Armstrong?... Si no es así no me interesa".
 
A Armstrong le quieren tirar de la bicicleta por idéntico motivo por el que a Eddy Merckx le dieron un guantazo mientras ascendía al Puy de Dôme. Era tal la irrefrenable ambición de ganarlo absolutamente todo que poseía al belga que, según cuentan, en el transcurso de una intrascendente etapa de la Vuelta Ciclista a España esprintó, sorprendiendo al resto del pelotón, porque se equivocó al confundir un cartel del Partido Comunista con un sprint bonificable. El ¡Go Lance! de los tres primeros Tours se veía como la expresión espontánea de unos cuantos aficionados americanos; el Go Lance del otro día en L'Alpe d'Huez se entendió como una provocación, la mofa de unos cuantos yanquis listillos. En la etapa que finalizó en Le Grand Bornand, viendo que Ullrich, primero, y más tarde Klöden, impedían la victoria de su amigo Floyd Landis, el nuevo "caníbal" lanzó él mismo un inmisericorde ataque que dejó al alemán del "T-Mobile" compuesto y sin novia. "He decidido que no hay regalos", respondería más tarde a pregunta de los periodistas, "porque el Tour es demasiado importante".

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