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Juan Manuel Rodríguez

El Txistu tatuado

Capello se deja querer, y sus amiguetes de la prensa le sacan en procesión, vendiéndole ahora como la quintaesencia del madridismo cuando en realidad dejó tirado al equipo a las primeras de cambio

"Tengo tatuada en mi piel la camiseta madridista", dice el poetastro Capello. Yo creo que las que tiene realmente tatuadas en su piel el italiano son las comilonas que se pegaba en el Txistu, los jamones que se llevaba "by the face" cuando volvía para Italia y el solecito de Marbella, los boqueroncitos fritos, las banderillitas, la mojama y el vermout de barril. Lorenzo Sanz, ansioso por dar un rápido golpe de efecto, nombró a Capello comandante en jefe del ejército madridista, y éste fue transformándose lentamente en un monstruito a quien luego fue imposible controlar.

Fabio se erigió a sí mismo en el único protagonista relevante, pasando a ocupar sus futbolistas un segundo plano total y absoluto. Ganó una Liga, sí, pero partiendo en dos la filosofía de un club al que se exige siempre, por encima de cualquier otra cosa, jugar muy bien al fútbol. Capello era un auténtico "amarrategui" y, de no haber echado un órdago a la grande con "perete" (cuatro, cinco, seis y siete), yo creo que hubiera durado muy poquito en el club. ¿Eso es lo que quiere Florentino Pérez? ¿Es lo que necesita ahora mismo el Real Madrid?... Capello se deja querer, y sus amiguetes de la prensa le sacan en procesión, vendiéndole ahora como la quintaesencia del madridismo cuando en realidad dejó tirado al equipo a las primeras de cambio... ¿Madridista Capello?... Para buen madridista Louis Bullock, que llegó a jugar un partido de baloncesto con treinta y nueve de fiebre.

A mí, qué quieren que les diga, Capello siempre me pareció una auténtica chufla. Yo creo que los grandes equipos los hacen los grandes jugadores y punto. Un mal entrenador sí puede hundir a un buen equipo, pero un extraordinario técnico no creo que pueda sacar jamás partido de la banda de Mirlitón. Me gustaría ver a Capello luchando en la Segunda División B, y querría que algún día un club grande se volviera auténticamente "loco" y le diera una oportunidad a un entrenador sin apellido rimbombante. Yo lo que querría es ver, por ejemplo, a Luis Ángel Duque en el banquillo del Real Madrid. ¿Por qué no?... Y ese sí que tiene tatuada en su piel la camiseta merengue.

El penúltimo raulista vivo. Director de El Primer Palo y tertuliano de Fútbol es Radio.

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