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Manolete, doblemente estúpido

me gustaría volver a presenciar que el Atlético de Madrid, el tercer "grande" de España, fuera justamente eso, cada día más grande y no cada día más pequeño como parecen ansiar con todas sus fuerzas algunos atléticos de novísimo y oportunista cuño

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En "La inteligencia fracasada, teoría y práctica de la estupidez" (Editorial Anagrama, 2004) el filósofo y ensayista José Antonio Marina recoge en la introducción una de tantas leyes sobre la estupidez que irán apareciendo luego a lo largo de las ciento setenta y cuatro páginas del libro. Esta en concreto a la que me refiero me llamó mucha la atención por su contundente simplicidad y pertenece al profesor Carlo Cipolla, que avanza la siguiente definición: "Una persona estúpida es la que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio". Me dio por pensar si esa definición sería también aplicable a quien sólo desea, porque no puede causarlo directamente, ese mismo daño a otro grupo de personas sin obtener un provecho para sí, o incluso saliendo notablemente perjudicado, y deduje por mi propia cuenta y riesgo, sin Cipolla alguno que me asesorara, que ese comportamiento sería doblemente estúpido.
 
El otro día, haciendo "zapping" por la radio, oí a Manuel Esteban (hoy atlético, mañana Dios dirá) sosteniendo en la Cadena Ser un argumento tan peregrino y endeble que, aún a sabiendas de a quién estaba escuchando, me quedé perplejo, atónito, alucinado. Decía Manuel, Manolo, "Manolete", y lo decía con la misma naturalidad y espontaneidad de quien se cepilla los dientes después de comer, que él deseaba que el Atlético de Madrid, su presunto Atleti del alma, perdiera el partido que habría de disputar el domingo contra el Fútbol Club Barcelona en el Nou Camp. ¿El motivo?... Pues el motivo no era otro que perjudicar con ello al Real Madrid que, en caso de victoria rojiblanca, recortaría a cuatro puntos la distancia que le llevan los azulgrana en la Liga. Dijo eso y se quedó tan tranquilo. Lo dijo y ¡hala, a dormir!
 
Luego, afortunadamente, los jugadores del Atlético de Madrid no seguirían esa línea de ¿pensamiento? manoletiniano, venciendo al Barcelona por 2-0 y dejando la Liga más viva que nunca. Y no digo "afortunadamente" porque me alegrara de la victoria rojiblanca por uno u otro motivo sino porque, eso sí, me gustaría volver a presenciar que el Atlético de Madrid, el tercer "grande" de España, fuera justamente eso, cada día más grande y no cada día más pequeño como parecen ansiar con todas sus fuerzas algunos atléticos de novísimo y oportunista cuño. Probablemente Manolo Esteban (hoy rojiblanco, mañana ya veremos) se diera por satisfecho si el Atlético de Madrid se transformara en un satélite barcelonista, una especie de franquicia culé en la capital de España. Quizás quisiera que Fernando Torres fichara por el Barça sólo para evitar que emigrara al Real Madrid. Pero no será así en absoluto como la FIFA elija al Atlético "mejor club del siglo XXI". El suyo es un deseo doblemente estúpido en la vida en general y en el fútbol en particular.

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