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2. Stallman y Torvalds

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Lea la primera parte de este artículo, Cuando los programas eran abiertos

Stallman era consciente de que donde era realmente bueno y podía servir para algo no era en la cocina, sino programando. Y entonces empezó a tomar fuerza en su cabeza una idea descabellada. Rocambolesca. Quijotesca. Si ya nadie conservaba el espíritu de "los buenos años del MIT", él lo recuperaría; si ahora todo el mundo protegía su software para evitar que los demás lo usaran y adaptaran a sus necesidades, él escribiría un sistema operativo completo desde cero y se lo ofrecería al mundo con todo el código fuente y con licencia para copiarlo, modificarlo y adaptarlo. Denominó a ese software que llevaría consigo todos esos derechos "Software Libre", en oposición al resto del software, que había sido esclavizado: se había convertido en "Software Propietario".

Empezó en 1984, y durante muchos meses desarrolló una actividad febril, descuidando alimentación, sueño y, naturalmente, higiene: identificó componentes clave del sistema operativo (compiladores, editores, depuradores...) y se puso a escribirlos desde cero; incorporó muchas mejoras sobre lo que tenían los programas propietarios, y cuando éstos añadían algo que sus programas no tenían no paraba hasta introducirlo también y, a ser posible, de una forma mejor y más eficiente.

Lo conseguía, pero era un hombre solo contra toda la humanidad. Tenía que perder. Y a pesar de todo, no fue así: sus programas empezaron a ser útiles para la gente (lo siguen siendo para millones de nosotros) y, poco a poco, con Internet como nexo de unión, empezaron a unírsele colaboradores. Enviaban correcciones a errores que habían detectado, le mandaban código que ellos mismos habían escrito para resolver algún problema que Stallman no había tenido en cuenta y le agradecían su esfuerzo. El resultado fue que a mediados de los 90 el sistema operativo, al que se había bautizado como GNU (nombre que es un juego de palabras, en la mejor tradición de los hackers (1) del MIT), estaba casi terminado, a falta de una única parte que en terminología de sistemas operativos recibe el nombre de "kernel" o "núcleo".

Linus Torvalds -un estudiante finlandés- en cooperación con cientos de personas a través de Internet y siguiendo las ideas de Stallman (2) sobre software libre, código disponible, etc, desarrolló ese kernel que faltaba, y jugando con su nombre lo denominó Linux. Lo había empezado en 1991 como un hobby, y para 1994 ya era más que usable, con lo que juntando GNU con el kernel Linux se tenía, por fin, un sistema operativo libre completo, con el código fuente de todas y cada una de sus partes disponible para todo aquel que quisiera estudiarlo o modificarlo.

Desde entonces, ya completo, el sistema no ha parado de ganar fama y, lo que es más importante, adeptos que no sólo lo usan sino que también, en la medida de sus posibilidades, aportan su granito de arena en forma de corrección de errores, mejoras, documentación... En un cierto ejercicio de sinécdoque, el sistema completo, bautizado como GNU desde el principio, acabó siendo conocido entre el gran público por la parte desarrollada por Torvalds: Linux, en lugar de por el más correcto, aunque incómodamente largo nombre de GNU/Linux.

Pero, volviendo ya a la pregunta inicial, "¿por qué es gratis?", la respuesta es simple: porque es de todos. Miles de personas lo han desarrollado. Lo han hecho para ellos mismos. Seguramente es un caso único de revolución de los usuarios, que se puede dar entre los de programas de ordenador porque el software es inmaterial y que sería más difícil entre usuarios de coches o de lavadoras (¿quién no ha pensado alguna vez que el interfaz de usuario de ésta o del vídeo /tiene/ que poder hacerse mejor?).

¿Es lógico que la gente colabore desinteresadamente? Lo ignoramos, pero lo importante es que de hecho ocurre, ¡y en qué manera! El autor sólo puede explicar por qué colabora él: por agradecimiento. Agradecimiento a toda esa gente que con su esfuerzo le ha dado un software que se ha vuelto imprescindible para él y que colma sus necesidades. Ante tanta gente que ha hecho eso, ¿cómo no va a aportar uno su granito de arena arreglando los errores que detecte si es capaz de hacerlo? ¿Cómo no va a escribir explicando cómo solucionar problemas que ha tenido cuando tanta gente le ha escrito a él desinteresadamente cuando era él el que tenía los problemas? ¿Cómo no va a donar programas que puedan ser útiles a los demás usando cada día tantos programas donados por otros?

Finalmente, nadie está dando duros a cuatro pesetas: aunque desaparecieran las donaciones que empresas de la talla de IBM, Hewlett-Packard o Sun Microsystems están empezando a dar para ayudar al desarrollo del Software Libre, éste continuaría por su cuenta, como lo hizo antes, encabezado por los propios usuarios, que tampoco ofrecen nada a nadie; ni siquiera duros. Tan sólo quieren tener el mejor sistema operativo posible. Y en eso están. Si le es útil a más gente y quieren usarlo, ¡estupendo! Si no, no pasa nada. A ellos les es útil. Y les gusta. No necesitan nada más.

Notas
1. El término "hacker" es, seguramente, uno de los más desconocidos y erróneamente interpretados de la historia de la informática. Merece un artículo él sólo para aclararlo.
2. Entre otras distinciones, en 1990 a Richard Stallman le fue concedida la beca de la Fundación MacArthur, internacionalmente reconocida como signo de genialidad de aquel que la recibe. Él ha sido el primero –y hasta la fecha el único- personaje del campo de la informática en recibir
tan prestigioso distintivo. Sin duda, su contribución ha marcado y cambiado el mundo de la computación.

Juan-Mariano de Goyeneche trabaja en el Departamento de Ingeniería Telemática de la UPM.


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