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Juan Morote

5 días sin Jaime

El nacionalismo es una hidra de voracidad ilimitada y aliento venenoso; siempre acaba matando a quien se le acerca en exceso. El PP, retirando a Mayor de la campaña, ha optado por la solución pactista, aún diría más: ha decidido escenificar su opción.

Juan Morote
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El Partido Popular ha decidido apartar a Jaime Mayor de la campaña electoral del País Vasco. El hecho en sí mismo puede ser bueno o malo, depende de lo que se pretenda analizar. Si lo buscado es únicamente el rédito electoral, los arriolistas habrán determinado que la presencia de Jaime viene ligada, en la memoria de los votantes, a su inquebrantable apoyo a las víctimas del terrorismo. En consecuencia, su presencia proyecta una mala imagen del PP.

En cambio, si situamos el foco en la realidad subyacente a tan sesuda decisión, contemplamos con estupor un recule en la postura del partido sobre cuestiones muy serias, como son la actitud frente a los nacionalistas y por ende frente al terrorismo. Ante ambos fenómenos no caben medias tintas, los nacionalistas vascos nunca han sido demócratas, es más, nunca han permitido que exista en las Vascongadas, desde 1975, nada parecido a un clima de libertad.

La historia es muy tozuda y para abordar la amenaza y el totalitarismo sólo hay dos posturas, la del consentimiento cómplice o la de la resistencia. En octubre de 1938 se firmó el pacto de Munich entre Francia y Reino Unido con la Alemania de Hitler. Por medio del mismo, Hitler se anexionó Checoslovaquia y la cobardía bienpensante lo asumió estimando que así quedaría saciada su vocación expansionista. También entonces hubo dos posturas. Una, la encarnada por Leon Blum, quien el 1 de octubre publicó en Le Populaire: "En Francia no hay un hombre ni una mujer que niegue a N. Chamberlain y a E. Daladier su justo tributo de gratitud. La guerra ha sido descartada. El fantasma se aleja. Se puede recuperar el trabajo y recobrar el sueño. Se puede gozar de la belleza del sol de otoño".

La otra, la de resistencia al pacto con el mal que encarnó Churchill, quien en su discurso en la Cámara de los Comunes, cuatro días después, advirtió:"Lo máximo que ha sido capaz de conseguir [Chamberlain] para Checoslovaquia y en las cuestiones sobre las cuales todavía no se había llegado a ningún acuerdo ha sido que el dictador alemán, en lugar de agarrar los víveres de la mesa, se conformase con hacer que se los sirvieran, plato por plato".

Me parece excesivo comparar a Jaime Mayor con Churchill, aunque también a Basagoiti con Chamberlain. Es evidente que el nacionalismo en su conjunto es una hidra de voracidad ilimitada y aliento venenoso; siempre acaba matando a quien se le acerca en exceso. El Partido Popular, retirando a Mayor de la campaña, ha optado por la solución pactista, aún diría más: ha decidido escenificar su opción. Por si no fue poco la defenestración vergonzante de María San Gil, a la que tanto hemos echado de menos en esta campaña, ahora se aparta a quien más cerca ha estado siempre de las víctimas y más enfrente de los verdugos. Resistiremos cinco días sin Jaime, pero ¿cuántos resistirá el PP con Mariano Rajoy a la cabeza?

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