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Aforrados

Acabar con la impunidad de los 'aforrados' es una tarea necesaria en el urgente desempeño de revitalizar nuestra democracia. Recuperar el prestigio y la credibilidad de nuestras instituciones democráticas es imprescindible.

Juan Morote
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Son muchas las tareas que tiene que afrontar el PP en los próximos días, aunque sería mucho mejor que las abordase en las próximas horas. Junto a las reformas económicas, del mercado laboral, decidir si vamos a volver a tener una política exterior digna de tal nombre, y muchas otras cuestiones de vital importancia, no puedo dejar de preocuparme por el colectivo de aforrados. Un aforrado es un sujeto que al socaire de la política se ha llenado el zurrón, el morral, el talego, la alforja, vamos que se ha llevado hasta las gomitas de los billetes y que, merced a su condición de representante de todos los españoles, sólo puede ser juzgado por los órganos jurisdiccionales cuyos miembros son designados por sus compañeros de profesión. Toda una hazaña como se puede comprobar.

Me gustaría que Rajoy y aquellos con quienes forme gobierno, no vacilen en poner en manos de la justicia cuantas tropelías susceptibles de hacerlo conozcan. Mucha información guardan los archivos de Interior sobre lo que no sabemos del 11-M, y a muchos ciudadanos nos sigue preocupando. No albergo duda alguna acerca de que en los anaqueles más recónditos del Ministerio, otrora de Rubalcaba, se hallan cintas y documentos que nos ayudarían a atar los cabos del caso Faisán. Pero no sólo hay que mirar a las canalladas perpetradas por los socialistas durante los últimos ocho años, siguen quedando informaciones pendientes de períodos más pretéritos.

Resulta vergonzante cómo los progres de este país se rasgan sus vestiduras de Miró o Domínguez, Loewe o Armani, no más aparece algún dato, o alguna nueva explicación conspiranoica del asesinato del inútil de John F. Kennedy, mientras ignoran la participación que en el mismo tuvo Fidel Castro. Estos progres de diseño, siempre con el diario oficial bajo el brazo, nunca han querido saber qué pasó realmente con el GAL. De esto no se habla, es un asunto de Estado. Claro, es un asunto de Estado que sirvió para que unos cuantos sinvergüenzas se llenaran los bolsillos, al tiempo que se erigían en juez y verdugo al más puro estilo de Steven Seagal, pero en cutre. Hay unos cuantos aforrados en el Congreso, y también los va a haber en un número nada despreciable en el parlamento andaluz.

Espero que los Rubalcaba, Chávez, Griñán, Blanco y demás individuos que han pasado por la política para ser la causa de su descrédito, terminen en un banquillo de acusados ante un Tribunal de verdad. Acabar con la impunidad de los aforrados es una tarea necesaria en el urgente desempeño de revitalizar nuestra democracia. La economía es muy importante, mas recuperar el prestigio y la credibilidad de nuestras instituciones democráticas es imprescindible.

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