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Juan Morote

Bye, bye, spanish friend

Este personaje, en su periplo político, no ha cejado de sembrar odio, generar división y mofarse de la religión y de la cultura que aúna a casi toda España, incluida Cataluña.

Juan Morote
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Cuando en febrero del año pasado José Luis Carod-Rovira decidió emprender la colonización cultural de la India y se fue allí para promocionar el diccionario catalán-sánscrito, sánscrito-catalán, fue recibido por los trabajadores y pacientes del hospital de Bathalapally, en Anantapur, con una pancarta que rezaba "welcome spanish friends" (bienvenidos, amigos españoles). De esta guisa recibieron los indios al excursionista de Perpiñán. Esto le sentó al colonizador a cuerno quemado, como también que lo pasearan por Delhi con un coche de la embajada española, con la bandera de España, claro. Dicho sea de paso, a ese diccionario le auguro el mismo futuro que a la recaudación de taquilla de la próxima película de Pilar Bardem.

No me importaría llamarle Josep Lluís, como a este sujeto le gusta. Sin embargo, no me da la gana mientras él, los eternamente ofendidos nacionalistas catalanes y los infinitamente acomplejados que no lo son, sigan llamando País Valencià a la Comunidad Valenciana, y sigan traduciendo los nombres castellanos al catalán. Por ejemplo, "En Joan de Borbó" por "don Juan de Borbón" que, como todo el mundo sabe, no se exilió en el Roselló, ni en la Cerdaña, ni el Alguer, sino en Estoril, y además no hablaba catalán ni en la más estricta intimidad.

Parece que José Luis Carod-Rovira ha decidido marcharse, eso sí, con la boca pequeña como todos los políticos que se van en este país. Pero bueno, en todo caso sí ha sonado a cierta despedida su renuncia a ser reelegido al frente de Esquerra Republicana (esto no lo traduzco para que no se confunda con uno de los partidos por los que se presentó Azaña). Este personaje, en su periplo político, no ha cejado de sembrar odio, generar división y mofarse de la religión y de la cultura que aúna a casi toda España, incluida Cataluña.

Desde que llegó a la Generalidad en diciembre de 2003, un rosario de despropósitos jalona su acción política. Si los recordamos brevemente, comenzó con su viaje a Perpiñán para pactar con ETA que no atentara en Cataluña, como publicó la banda asesina poco después. Un año más tarde, en mayo de 2005, se negó a participar en el homenaje a Isaac Rabin de Jerusalén. Aunque sí aprovechó el viaje para, ayudado por Antoni Castells, burlarse de la pasión de Cristo con una corona de espinas. En 2006 montó un escándalo por la utilización del castellano en las fiestas de la Mercé. En medio de semejante periplo, hubo un brindis por la denegación de los Juegos Olímpicos a Madrid.

¡Márchese don José Luis, márchese! Es una pena que haya venido. Por el bien de todos, debe usted desaparecer de la vida política. Las posiciones se pueden defender de muchas formas, entre las cuales usted siempre ha elegido la peor. Veremos quién es su sustituto al frente de la Esquerra. A lo peor es alguno de los que sí llegaron a militar en Terra Lliure, pero al menos se habrán quitado definitivamente la careta. Mientras eso llega, yo también le digo bye bye, Spanish friend, Carod Rovira.

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