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Juan Morote

Cría cuervos

Llama poderosamente la atención que el único político con cierta proyección nacional que no ha aparecido como beneficiario de ningún regalo sea el más afín a PRISA.

Juan Morote
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Me hace gracia, por decirlo de un modo suave, no hiriente, vamos estilo centrista, que se lamenten los cabecillas de la calle Génova de la actuación del grupo PRISA en esto del llamado caso Gürtel. Dice el refranero aquello de "cría cuervos y te sacarán los ojos", pues nada más cierto, aunque matizable. Los escribidores de PRISA, siempre tan independientes en su decidida vocación de acudir en auxilio del PSOE, han iniciado un proceso de desprestigio personal de determinados cargos del PP. En este caso le ha tocado a Rita Barberá, sempiterna alcaldesa de Valencia, la fortuna de ser objeto de las acusaciones del otrora llamado imperio del monopolio, hoy trocado en duopolio imperfecto en comandita con los chicos de Roures, ya saben la Sexta, Público... Acusan los herederos de don Jesús a Rita Barberá de haber recibido regalos de Álvaro Pérez, el Bigotes, insinuando que el modus operandi ha sido el mismo que el seguido, supuestamente, por el presidente Camps.

Creo que la acusación, si bien adolece del más mínimo fundamento, denota algo muy grave. El PSOE se ha dado cuenta de la escasa capacidad de liderazgo de Rajoy, ha detectado de forma certera el rumbo vacilante y se ha lanzado a por la pieza. Este ejercicio de acoso ha logrado distraer la atención de los ciudadanos. Ahora se habla más de trajes y bolsos que del paro. El Gobierno ha logrado que Rajoy se sume a algunas propuestas, que se abstenga en la financiación autonómica o que respalde el disparate del fondo de rescate bancario. El jefe de la oposición ha bajado la guardia y el PSOE, con todo su aparato mediático, esgrime la chaira en la izquierda. De esta guisa pretende rematar al PP, para lo cual está atacando de un modo bastante rastrero a los políticos populares mejor valorados fuera del ámbito geográfico en el que desarrollan su cometido. Así, la persecución empezó con Esperanza Aguirre, siguió con Francisco Camps y ahora le ha tocado el turno a Rita Barberá. No sabemos quién será el siguiente.

Si sabemos que para realizar cualquier persecución hacen falta elementos que la visibilicen, que coadyuven, en lo que concierne a la persecución política hacen falta medios de comunicación que la doten de una dimensión amplificada, con independencia de la que realmente alcance. Ahora se lamentarán las comunidades autónomas gobernadas por los populares que negaron el pan y la sal en las concesiones de emisoras a aquellas cadenas en las que se refugian sus votantes, mientras no escatimaron postes a los profetas del talante. Quizá alguien recuerde en Génova quienes fueron los que impidieron la ejecución de la sentencia de Antena 3 Radio, quienes aconsejaron retrasar la trasposición de alguna directiva europea en materia de radio y televisión, o quienes se han pavoneado siempre de que se puede controlar a PRISA. Por cierto, llama poderosamente la atención que el único político con cierta proyección nacional que no ha aparecido como beneficiario de ningún regalo sea el más afín a PRISA. Si esto está claro, cría cuervos y tendrás muchos, luego alguno ya te sacará los ojos.

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